En estos días que vemos asaltos y violaciones a la Asamblea Nacional y a la labor parlamentaria, dirigida por facciosos militantes del PSUV y desadaptados que pretenden construir la verdad a través de la fuerza y, así, consolidar un modelo político y económico de desarrollo e integración regional en base al paternalismo, a la actitud dadivosa del Estado venezolano para con sus “gobiernos iguales” para montar una suerte de club de gobiernos para apoyarse unos a otros y “mantenerse” cómodamente en el poder, a espaldas de los pueblos, ahora escondidos tras la envoltura del discurso político social y la “supuesta” solidaridad entre las naciones.  Tomando prestada la canción de “I dreamed a dream” de “Les Misérables”, de Víctor Hugo, podemos hacer un parangón con estos gobiernos populistas y despilfarradores de los recursos públicos, que se constituyen en el principal obstáculo para el progreso, para el crecimiento y el desarrollo -constante y permanente- de los menos favorecidos, los excluidos, los invisibilizados siendo los mismos regímenes que dicen defenderlos, quienes destruyen -con sus actos- los sueños de sus ciudadanos-electores.

Ese es el misterio de estos regímenes -sus campañas de adoctrinamiento, el uso indiscriminado de la “propaganda” política pro-gubernamental, a través del sistema nacional de medios públicos o las cadenas oficiales, para minar las mentes de los ciudadanos y “lavar-los-cerebros”.

Vivimos en una Venezuela de sueños confiscados, expropiados por un grupete de políticos que han pretendido constituirse en la conciencia y la razón de ser del pensamiento venezolano; una suerte de neo-libertadores, merecedores del Panteón Nacional.

Pero los sueños, señores maduristas, no se confiscan. Porque los sueños, como el amor, no tienen precio ni lugar. Los sueños de esta nación de Bolívar, retomados por cuanto iluminado llega al poder en Venezuela, están en el corazón y en las manos de cuanta mujer y hombre hay en nuestra patria.

Los sueños pretendes destruirlos, presidente Maduro, con una ausencia de diálogo y de reconocimiento sincero del otro. Acá estamos, presidente Maduro, el 49% de los venezolanos, no somos la “mayor minoría” como tus exégetas del lenguaje y tus asesores castro-comunistas te han indicado. Somos la mitad de la patria. Te he venido invitando, como venezolano, a que tiendas una mano a Venezuela; no puedes gobernar para la mitad de la patria, ni puedes seguir financiando, con el dinero de todos la inviabilidad de tu gobierno.

Estás en la obligación de ordenar a los entes del Estado una averiguación sobre los hechos de la Asamblea Nacional. El presidente Chávez, ante el asalto al Palacio Arzobispal de Caracas, ordenó la detención de Lina Ron, y los diputados implicados en esa toma NO repitieron al Parlamento por el MVR, antiguo partido de Gobierno (ahora PSUV). El gobierno no embochincha, presidente Maduro. Ordena la averiguación del asalto y violación de la Asamblea.

Ve a tu alrededor, el aumento salarial que decretaste -ampliamente esperado por los trabajadores- no permite satisfacer las necesidades de un país con 15 años de destrucción del aparato productivo industrial y comercial, y por otro lado, con escasa -aunque abundante- remesa de dólares que entran a la nación por las actividades rentistas del Estado.

Mira a tu alrededor, Nicolás -estás “bailando en un tusero”- cuidado si tus propias hordas de comilitones y sus “comandantes” lo que pretenden es demostrar, de antemano, tu inviabilidad política. Te toca la transición, presidente Maduro. Transición entre lo antiguo y el siglo XXI. Soñamos con otra Venezuela, pon el oído en la tierra y oye los pasos del 100% del pueblo, no sólo de una porción de ellos.

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com