Desde 1999, en forma ininterrumpida –salvo el intersticio de Carmona– ha gobernado en Venezuela el mismo grupo político. Han permanecido en el poder, delante de las riendas del Estado el mismo equipo político, económico y militar.

La gracia de la no participación electoral de 2005 en las elecciones parlamentarias de aquél entonces, originó la ausencia total de los opositores en el hemiciclo de la Asamblea Nacional y permitió al actual régimen “alzarse” con la totalidad –o casi la totalidad– de los escaños y, de esta forma elegir las autoridades del Consejo Nacional Electoral y Tribunal Supremo de Justicia. Es bueno recordar este hecho, pues fablistanes de oficio, usando las redes sociales y cuanto instrumento pueden, no dejan de desestimular a los electores a la participación el próximo 8 de diciembre en las elecciones municipales; buscando que les entreguemos el poder local al régimen. ¡Mejor que  una Ley Habilitante! Conmigo que no cuenten con eso, el 8D yo votaré en las elecciones municipales.

Hasta el año 2012, el régimen del finado presidente, del cual es heredero Nicolás Maduro, solicitó cuatro leyes habilitantes: 1999, 2000-2001, 2007-2008 y 2010-2012. Los lapsos de “habilitación”, es decir de poderes al margen de la supervisión plena del Poder Legislativo suman seis (06) años. Una golilla regalo de la “robolución bonita”, cueva de piratas, corsarios, filibusteros y bucaneros. Nido de cuanto aventurero pretende “hacerse a la mar” para apropiarse sin desenfado de la cosa pública, salvo honrosas y escasas excepciones.

El presidente Nicolás Maduro, pretende en esta oportunidad, le sea aprobada una nueva Ley Habilitante. ¿Cuánto más poder requiere –más allá del control que ya posee de las instituciones: judicial, electoral, militar– para lograr después de 14 años y 6 años “habilitados” un mejor gobierno? Realmente que este régimen, ha recibido la mayor cantidad de dólares de la historia patria. Algún día, si no ante el electorado y la justicia, al menos ante Dios, su conciencia y la historia, deberán rendir cuentas por el atropello ciudadano, y el ataque reiterado a las instituciones que no le son afectas, así como el aprovechamiento ilícito y acumulación írrita de riqueza de la “boliburguesía” nacional.

¿Qué más pobre está nuestro pueblo? ¡Qué indiferencia del gobierno con la vivienda, la inflación, el empleo…! ¿Quién fiscaliza a misión vivienda? ¿Cuántos millones se han invertido? ¿Quiénes están detrás de los contratos de cada edificación? ¿Cómo se licitan los contratos, dónde concurren y quién aprueba a las constructoras? Esos son parte de los misterios de la “robolución” que en parte se llevó el finado a su tumba. Pero nada es eterno. La Ley Habilitante está a la puerta. Si el régimen logra el diputado que le falta para completar, consigue el número mágico que la Constitución le otorga para “recibir la habilitación”. Quince años en el poder, seis años habilitados… Vamos a seguir en el subterfugio de la legalidad, mientras el ciudadano lo que recibe es inflación, desempleo, corrupción… ¡Toca al Bravo Pueblo venezolano, ese que invocamos en las gloriosas notas de nuestro himno patrio, la última palabra!

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com