Hace 106 años Guatire se inscribió en la historia

aebolivar630sep12
Antonio Ecarri Bolívar
Vicepresidente Nacional de Acción Democràtica

Rómulo Betancourt nació en Guatire, estado Miranda, el 22 de febrero de 1908, porque su padre, inmigrante canario, vino a dar con su humanidad a ese pueblito interiorano de comienzos del siglo XX, en una época de gran depresión en Europa. España, junto a Portugal y Grecia, era de los países más atrasados de ese continente. Rómulo describe la llegada de su padre a nuestras costas con su humildad característica: “mi padre era un inmigrante canario desembarcado en La Guaira, con su madre viuda y un morral de ropa vieja, aventado de su España nativa  por la extrema pobreza”.

Muchos canarios abandonaban las islas en busca de mejor fortuna y venían, como decían ellos, a “hacer la América”. Don Luis Betancourt se vino de Canarias, a los dieciseis años de edad, con su madre María, ya viuda de su padre Roque,  y su hermana Rosa. Es verdad que Humboldt, un siglo antes, hablaba de canarios en estas tierras; es muy probable que Don Luis, junto a su madre y hermana, como casi todos los españoles, pensara primero en llegar a Cuba que a Venezuela, pero los avatares de esos viajes de aventura tenían destino incierto. Es probable, entonces, que los ancestros de Rómulo llegaran a La Guaira por accidente y se vinieran a Guatire buscando un pueblo pequeño donde poder sobrevivir sin mayores angustias y donde ya estuvieran asentados otros compatriotas suyos. Al conocer a Virginia Bello, que era una joven muy hermosa, echó raíces en ese caserío y permaneció allí muchos años. Allí nació Rómulo y sus hermanas María Teresa “Tetete”, la mayor, y Helena.

Para entonces Guatire era una aldea, pero allí se producía café, cacao y habían sembrados de caña de azúcar. Cuando la abuela de Rómulo llegó a Guatire se encontró con un personaje proverbial que llegó a ser padrino y tutor de su hijo Luis: Don Antonio García Guerrero, quien se convirtió no sólo en orientador de la familia, sino en maestro del padre de Rómulo, quien era un joven excepcionalmente inteligente y pronto aprendió el oficio de contabilista, lo que le ayudó mucho en su actividad laboral.

Don Luis trabajó como comerciante y contabilista pues, además de los conocimientos trasmitidos por Don Antonio, era un autodidacta. Aunque Don Luis era mejor contador que comerciante, pues tuvo la ocurrencia de montar un cine en Guatire, pero lamentablemente fue un rotundo fracaso económico, aunque habla mucho de su carácter de hombre trabajador y con iniciativas. También fue propietario del primer automóvil que conoció el pueblo. Vivía con limitaciones económicas, pero siempre con mucha dignidad, al punto que se podía dar algunos pequeños “lujos” como la bicicleta que le regaló a Rómulo cuando cumplió diez años de edad y digo que era un pequeño lujo, pues fue la primera bicicleta que llegó a Guatire y la que conservó Rómulo muchos años. De allí, de esos aprietos económicos, le viene ese carácter austero que sus amigos confundían con tacañería.

En Guatire comenzó Rómulo, desde muy niño, a inquietarse por las miserias humanas, por la injusticia y la pobreza extrema en que vivían muchos habitantes de esa zona. Junto a su padre, ayudaba Rómulo, siendo un niño, en la distribución de medicamentos a las personas con dificultades económicas afectadas por la peste española de 1918. Allí también, en Guatire, nació su madre Virginia Bello.

Por cierto, en ese pueblito, decía Rómulo, que nunca percibió discriminaciones de ningún tipo por ser hijo de extranjero. Claro que tampoco era el catirito hijo del musiú, sino un muchacho común y corriente, “café con leche”, como la mayoría de sus compañeros de estudios y de la calle. “En otros países, decía Rómulo, donde tuve que vivir aventado por el exilio trashumante que siempre experimenté, sí percibí ese tipo de “apartheid” al que nunca hice mayor caso, pero no por “musiú” sino más bien por trigueño. Me refiero a países donde los sectores de clase alta son, generalmente, blancos y a veces discriminadores, como en Colombia o Chile. Sin embargo, siempre que me llamaban “negrito”, en vez de molestarme lo recibía como un cumplido y jamás generó en mí resabios de resentimiento social, por el contrario,  reafirmó mi creencia en la belleza del mestizaje latinoamericano y en el carácter plural de nuestros pueblos”.

Rómulo al mudarse con su padre a Caracas, motivado a sus necesidades de estudios superiores, fue alumno de Rómulo Gallegos en el Liceo Caracas y allí comenzó una amistad entrañable, casi de relación paterno-filial, que duró toda una vida. Los dos Rómulo hicieron historia de la grande y de la buena en el siglo XX venezolano. En la Universidad, Rómulo, junto a Leoni, Villaba, Otero Silva, Gabaldón y toda una constelación de brillantes líderes estudiantiles, dieron nacimiento a la “generación del 28” que fue un parte aguas en la Historia de Venezuela, rompiendo con la tradición caudillista y dando inició a la actividad política solidaria y colectiva.

El aporte más importante de Betancourt, según nuestro punto de vista, a las ideas progresistas y democráticas en nuestro país tiene mucho que ver con la discusión sobre socialismo, porque es necesario delimitar el pensamiento de Betancourt, de los manuales torcidos del “stalinismo redivivo” que se pretende imponer en Venezuela, para que quede claro a las nuevas generaciones, que sólo el socialismo democrático y en libertad es viable en el siglo XXI. Rómulo lo había visto con claridad en aquella lejana época de comienzos del siglo pasado, cuando afirmaba que los venezolanos podíamos importar hasta Creolina pero nunca ideologías.

En efecto, el discurso de los intérpretes marxistas que habían tomado el poder en la Rusia atrasada y feudal de comienzos del siglo XX, era inobjetable en tanto y en cuanto prometía la sociedad sin clases y en consecuencia, en su fase superior, eliminar el ejército, la policía represiva y el Estado mismo, pues surgiría el hombre nuevo sin otra ambición que la felicidad colectiva. Sin embargo, Rómulo, al igual que sus contemporáneos socialistas españoles y Haya de la Torre en Perú, fueron lo suficientemente críticos y visionarios, para no tragarse el cuento de la Dictadura del Proletariado, pues veían allí el germen de las desviaciones ulteriores, que daría  al traste con la dignidad humana y con el mismo régimen que se erigía como  la gran revolución de todos los tiempos. Se dieron cuenta, que el socialismo sin libertad no es más que otro régimen tiránico, con el disfraz de la reivindicación social, pero que al conculcar la libertad se prostituiría, sin remedio, más temprano que tarde.

En definitiva, Rómulo Betancourt, más de treinta años antes que Carrillo, Marchais, Berlinguer o Garaudy vislumbró los males del totalitarismo comunista, creó un partido político progresista, de izquierda, pero profundamente democrático y convirtió a Acción Democrática en ejemplo irrebatible de que se puede crear un instrumento de lucha para alcanzar la justicia social sin conculcar la libertad de los pueblos. Así, aquel muchachito campesino hijo de musiú y criolla, logró con aquel pensamiento adelantado a su época inscribir a Guatire en la Historia de los pueblos que, por pequeños que sean, paren a sus mejores hijos.

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@EcarriB