El próximo 7 de octubre debe convertirse en un nuevo 23 de enero, es decir, en un nuevo parte aguas entre el oscuro pasado reciente  y el progreso, entre la regresión y un futuro de paz, de inclusión y prosperidad. Para ello, obviamente, es requisito indispensable triunfar en las próximas elecciones,  pero ello no es suficiente porque hay que sentar las bases que permitan salir de la profunda crisis que va a heredar el próximo gobierno de Henrique Capriles y eso hay que debatirlo.

Toda la Venezuela democrática espera leer, el día 8 de octubre, un editorial del diario El Nacional, similar al que escribiera, después del 23 de enero de 1958, Miguel Otero Silva en el periódico fundado por él y su padre sobre la gesta heroica de aquel día: “La primera jornada, la que corrió como un río hasta lograr el estrepitoso derrumbamiento de la infame dictadura de Pérez Jiménez, ha sido uno de los hechos más gloriosos de nuestra historia. Estallante el corazón de júbilo y de orgullo, Venezuela enarbola como la mejor bandera la sangre fértil de sus muertos y comprende que ha firmado con esa sangre el más noble y el más inquebrantable de los compromisos. No es posible intentar análisis político alguno sin antes rendir un tributo emocionado al pueblo, qué digo al pueblo, a la nación entera, por la lección de valentía, de dignidad y de civismo que acaba de dictar frente a las ametralladoras y las peinillas de la dictadura. Venezuela inerme, Venezuela maniatada, Venezuela con las muñecas rotas por las torturas y la frente hendida por los sablazos, Venezuela sin partidos políticos y sin sindicatos, Venezuela con la mayoría de sus dirigentes presos o desterrados, salió un día a dar la batalla contra los crueles sicarios que la sojuzgaban. La gloria es de todos por igual. Gloria a los estudiantes universitarios que abrieron la primera brecha de la muralla al avanzar con los pechos desarmados y sin miedo contra los sables y las cachiporras de los verdugos”.

Así podemos y debemos amanecer los demócratas el 8 de octubre, con la satisfacción del deber cívico cumplido, por haber ganado, defendido ese triunfo popular y obligado a respetarlo, rindiéndole un tributo a la nación entera por “la lección de valentía, de dignidad y de civismo” al haber derrotado la amenaza de instaurar una dictadura del siglo XIX con la careta del siglo XXI. Pero ese momento de alborozo no es para salir a celebrar y a cobrar facturas a los derrotados, sino a trabajar arduamente, sin descanso, en la estructuración de un gobierno diferente, para que no se vaya a convertir esa euforia del triunfo en una nueva frustración para nuestro pueblo. Ello es una posibilidad remota, pero posible y por ello hay que alertarlo sin tapujos.

En efecto, sería lamentable que por tratar de diferenciarnos del régimen de oprobio recién derrotado, vayamos a saltarnos a la torera el Plan de Gobierno de la MUD, para apoyarnos en sistemas radicalmente opuestos, con políticas ultraconservadoras que también están demostrando su rotundo fracaso, tanto en la crisis financiera norteamericana como en la europea.

A la anterior consideración va ligado el indispensable debate sobre cuánta regulación estatal debe haber y cuánta libertad económica se debe permitir. Por eso debe respetarse fiel y cabalmente los lineamientos del Programa de la MUD, firmado el 23 de enero de este año por todos los precandidatos antes de la elección de Henrique Capriles, según el cual “una tarea política indispensable es explicar convincentemente que para lograr mejores empleos y menor inflación se requiere de mayor oferta, innovación y variedad de bienes y servicios, objetivo éste imposible de cumplir sin nuevas inversiones que amplíen la capacidad productiva; y que estas, a su vez, no se materializarán sin un reconocimiento explícito de la protección de los derechos de propiedad. También debe advertirse la necesidad de que el ejercicio de los derechos a la libertad económica y a la propiedad sea supervisado y regulado según establece el marco constitucional, con el fin de garantizar el mejor desenvolvimiento de las actividades privadas y la protección de los recursos comunes. Tales prevenciones incluyen la verificación de la calidad de los productos, el cumplimiento de contratos y garantías y la protección de la competencia, para lo cual se evitarán los efectos indeseables de los monopolios y cárteles”.

Desde la acera socialdemócrata esperamos que nuestros compañeros de la alianza unitaria tengan presentes estos lineamientos, pues de ello depende la estabilidad del próximo gobierno. Mientras tanto, vamos a seguir conduciendo el autobús del progreso por la autopista de la esperanza. Hay un camino, vamos a transitarlo sin perder de vista los retos que nos depara un futuro inmediato lleno de dificultades, que no debemos soslayar para poderlas resolver.

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD