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Han sido muchos los cuestionamientos a los integrantes de la MUD por haber concurrido al diálogo en Miraflores el 10 de abril y mayores los respaldos por haber aceptado la iniciativa promovida y respaldada por la totalidad de la comunidad internacional que continúa presionando para el logro de resultados tangibles. No voy a destacar el récord de atención que el evento logró y los magníficos resultados que obtuvo la oposición que hasta ese momento se hallaba invisibilizada para gran parte del país, hechos que sólo la obcecación de unos pocos puede negar.

Presumiendo la buena fe de quienes han dicho que sin condicionamientos previos no hemos debido dialogar, opinaré exactamente lo contrario porque creo que cuanto más difíciles sean las circunstancias más se hace necesario hacerlo con quien sea. En el caso de los condicionamientos, digo que si las partes contrapuestas que deben dialogar exigen requisitos previos de obligatorio cumplimiento, el diálogo no se produciría nunca. Precisamente, las propuestas de las partes constituyen el contenido o agenda del diálogo mismo. Si recíprocamente se aceptan o rechazan antes, el diálogo no tendría sentido alguno.

Para responder a lo segundo (“no se dialoga con dictaduras o dictadores”) recurro a la historia: La Conferencia de Yalta (4-11 de febrero,1945), para los acuerdos de los aliados sobre la Europa de posguerra, se produjo entre el presidente demócrata de EEUU Franklyn D. Roosevelt, el primer ministro británico Winston Churchill y el dictador soviético José Stalin. La Conferencia de Postdam (17 julio-2 de agosto, 1945), se efectuó con el mismo objeto entre el presidente demócrata de EEUU Harry Truman (sucesor del fallecido Roosevelt), el nuevo primer ministro laborista británico Clement Attlee y otra vez el dictador soviético Stalin. Del 21 al 28 de febrero de 1972, el presidente Richard Nixon se trasladó a Pekín a reunirse con el dictador Mao Zedong. En medio de atroces bombardeos norteamericanos y feroces acometidas comunistas en la guerra de Vietnam, EEUU y Vietcong acordaron en París la finalización de la guerra mediante el tratado suscrito el 27 de enero de 1973. Mandela, preso por más de veinte años, dialogó con sus carceleros del apartheid que aplastaban al 80 por ciento del pueblo sudafricano.

En Chile, los partidos ilegalizados durante la dictadura de Pinochet, después de numerosas reuniones con el régimen lograron su legalización en marzo de 1987, se formaron en la denominada Concertación de Partidos, derrotaron a la dictadura en el plebiscito del 5 de octubre de 1988 y en la elección presidencial y parlamentaria del 14 de diciembre de 1989. El 11 de marzo de 1990 el democratacristiano Patricio Aylwin recibió la presidencia de Chile de manos del dictador Augusto Pinochet, quien se mantuvo como comandante en jefe de las fuerzas armadas. Son apenas ejemplos de diálogos entre demócratas y no demócratas y hasta en medio de guerras y matanzas. Una respetada amiga me señalaba también que “con delincuentes no se dialoga”. Le respondí con su propio caso: tuvo que dialogar con los secuestradores de su hijo e incluso pagar rescate para recuperarlo sano y salvo. Gracias a Dios.