henry-ramos-allupQue el Papa Francisco hubiese enviado una carta  formulando sus mejores votos por el diálogo MUD-gobierno el pasado 10 de abril, y que a favor de su realización opinaran, además del Vaticano, Ban ki-moon, Obama, la Comunidad Europea, OEA, UNASUR y un promedio del 84% de la opinión pública nacional, según indican todas las encuestas de opinión, constituía razón más que suficiente para que la MUD procediese como lo hizo, a cualquier riesgo, desafiando insultos y maniobras de sectores recalcitrantes del gobierno y la oposición que prefieren la matanza a la conversación.

La MUD no fue la primera en acudir a reunirse con el gobierno. Antes, y sin exigir condiciones de ninguna naturaleza, concurrieron todos los alcaldes opositores (incluyendo a Ceballos y Scarano hoy despojados y prisioneros) y los tres gobernadores de oposición. Y lo han hecho varias veces, así como participado en reuniones sectoriales con ministros. Por eso resulta inaceptable que algunos de quienes nos precedieron puedan convertirse ahora en críticos de la MUD por haber concurrido el 10 a Miraflores o que nos critiquen por no exigir las condiciones que ellos nunca exigieron. Ninguno de quienes nos precedieron  acusó al gobierno de ilegítimo. Con su concurrencia lo legitimaron aunque no llamaran Presidente a Maduro.

El diálogo sepulta las agendas personales de quienes apostaron desde el oficialismo o la oposición a salidas no constitucionales, a imaginarias transiciones de las que se veían presidentes o presidentas y cuyo balance de represión, muertos, heridos, detenidos, torturados y procesados se ha producido sin que los precediera diálogo alguno. Curioso que entre las víctimas no hubiese ni un solo político o militar “famoso”. Los que apostaron a nuestro fracaso reconocen en privado que fue un éxito político y que gracias a ello la oposición, invisibilizada durante 15 años, se exhibió con razones y firmeza sin que quedara duda sobre su rotundo triunfo sobre la deslucida representación del gobierno. La oposición creció como nunca a consecuencia de ese evento. Su importancia se corrobora no sólo porque fue transmitida en cadena durante casi seis horas por los medios nacionales como lo habíamos exigido, sino  también espontáneamente por medios de cobertura mundial como CNN y BBC. El diálogo se vio en Cuba a través de Telesur y según expresan blogueros que desafían la censura oficial, causó tremendo impacto en la ciudadanía cubana.

El mismo día del evento y con ánimo de opacarlo, un puñado de recalcitrantes convocó manifestaciones que resultaron de tal manera esmirriadas que sólo sus contados concurrentes se enteraron de su existencia. Y en el momento mismo del evento, importantes enemigos del acto que acaparó para su envidia y rabia la plena atención de todo el país y allende nuestras fronteras, se fundieron los dedos emitiendo tuits en los que se nos infamaba por nuestra concurrencia a Miraflores. Hay copia de ellos. Aislados por su propia torpeza, siguen esclavizados a mantener sus palabras (el colmo sería que las recogieran), apostando sólo a que el diálogo no produzca ningún resultado para decir que fue un fracaso. Propósito fallido porque si quien tiene que tomar medidas (el gobierno) no las toma, la MUD al menos cumplió con su deber de proponerlas y exigirlas. No seremos culpables ni por acción ni por omisión.

Los que lucran política y/o económicamente de la guerra no han cesado de atacarnos con todo tipo de calumnias, ofensas y descalificaciones políticas y personales. Han alquilado medios y comunicadores aquí y afuera para una campaña feroz cuyas razones conocemos de sobra: allí hay traficantes de toda laya, prófugos no políticos sino penales, vendedores de armas y equipos, rivales mercantiles, traficantes de papeles venezolanos en operaciones de permuta oro en paraísos fiscales, financistas de aventuras políticas y militares, exfuncionarios incursos en delitos contra la cosa pública y pare de contar. Emplean la vieja maña comunista de destruir física, psicológica y moralmente a sus adversarios cuando no pueden rebatir sus argumentos, mas la causa de la unidad y el impacto de su mensaje ha superado todas las conjuras.

Henry Ramos Allup