Hace 192 años nuestro país vivió una batalla que antecedió de manera determinante el proceso de independencia. Se trata de la Batalla de Carabobo, que no  sólo significó uno de los golpes finales para el realismo sino un importante estímulo para quienes buscaban nuestra independencia al igual que para darle paso a Bolívar a que asumiera entonces la campaña del Sur.

Ahora, después de tanto tiempo, al estudiar nuestra historia, nos damos cuenta que aunque el proceso de independencia y sus batallas tenían una dimensión internacional, fueron más los soldados venezolanos de nacimiento que combatieron  y se enfrentaron entre sí, que los propios españoles.  En ningún momento de la lucha independentista el ejercito español fue superior en número, al ejercito americano fiel al rey,  es por eso que hoy en día algunos historiadores tienen motivos de sobra para plantear la guerra de la independencia, como una guerra civil.

Aunque después de aquello, fueron muchos los venezolanos que emigraron, la mayoría de nuestra sociedad tuvo un proceso de reconciliación exitoso al punto que algunos pocos que fueron realistas, tuvieron alguna participación en los venideros gobiernos republicanos.  Ese proceso vino necesariamente vinculado al costo de  plantear nuestra historia como si hubiera nacido con nuestra independencia y  de olvidar la oscura marca que dejó la confrontación entre venezolanos. En aquel momento, convencernos de que éramos venezolanos y de nuestro significado como nueva república valía todo aquel sacrificio.

Hoy después de tanto tiempo, nuestra historia debe llamarnos a reflexionar cómo y por qué después de haber vivido tanto como nación, hemos permitido que un discurso de odio como el de Hugo Chávez, heredado por Nicolás Maduro, pueda con el sentimiento de unión que conquistamos después de nuestra independencia y que consolidamos mucho luego con nuestra democracia. Debemos preguntarnos también  cómo en una nación que fue siempre soberana, estamos invadidos por decenas de miles de cubanos cuyas responsabilidades en el gobierno son realmente cuestionables,  debemos exigir alguna explicación de cómo regalan nuestro dinero al mundo o cómo un gobierno que menosprecia la producción, prefiere importar después de haber expropiado o robado a quienes realmente trabajaban.

La historia no puede ser la que nos contaron quienes prefieren manipular que empoderar, quienes prefieren mantener hambre e ignorancia, antes de dar oportunidades y verdadero bienestar a nuestra gente.  Llegó el momento de dejar de ser habitantes, convertirnos en ciudadanos. Si no defendemos nuestra identidad, nuestra historia, nuestros principios y nuestros valores, no habrá patriotas que lo hagan por nosotros y nunca seremos independientes.

Diana D’Agostino

Presidenta de Fundhainfa

Artículo publicado en el Semanario 6to Poder