Así es la campaña, como la respuesta que le da  Izarra a Maduro en Catia sobre la organización del evento para el candidato-presidente, de acuerdo a imágenes de la televisora extranjera Univisión, que se pueden ver en youtube. Maduro encara a Izarra reclamando que el podio para el candidato y la ubicación para la prensa no estaban dispuestos como lo habían planificado, y dos veces el ministro de Comunicación e Información le responde con un lacónico  “…esto es lo que hay”.  A renglón seguido,  el candidato no da un discurso sino que, en apariencia molesto, decide comenzar una caravana.  Entramos en la penúltima semana electoral y para quienes hacemos seguimiento del comportamiento del electorado en los últimos años, el venezolano se viene decidiendo en los 15 días finales de la campaña.

Esto es lo que hay, parece repetirse también para el comando Carabobo, donde no hay  cambios en la estrategia de sostenimiento de una candidatura personalista, la de  Chávez  como el “corazón de la patria”. Se identifica el temor  que prolifera en el oficialismo con sus tres líneas de acción: el uso abusivo del aparato comunicacional – cultural – `propagandístico (propaganda oficial, de campaña, cadenas);  el  laboratorio de guerra sucia, con su propaganda gris y negra, como la falsificación del documento de la MUD; y  la movilización de grupos de choque para evitar la actividad de la oposición y los anuncios de sus proyectos y programas para el nuevo gobierno. No hay novedad en la campaña del régimen:   la poca asistencia de la gente a los eventos, la escasa aparición en público del candidato-presidente, parecen ser el resultado de tal situación.

La prensa internacional recoge el abuso de poder, la campaña desigual y el uso de los recursos financieros por parte del gobierno versus la candidatura unitaria de Capriles como representante de las fuerzas de la oposición democrática. Un triunfo electoral del régimen quedaría con un asterisco, con una mancha que le tocará explicar al mismo presidente en cualquier rueda de prensa internacional. El monólogo presidencial ya deriva en cansancio, la propuesta de salvar al planeta y la prédica de una Venezuela como potencia contrasta con la violencia en las calles, la delincuencia, el desorden, las protestas, las fallas en la luz eléctrica. En contraste, la candidatura de la oposición se centra en cómo resolver los problemas del país y darle sentido al proyecto de vida de cada persona: su educación, su salud, su trabajo, su entorno económico, político y social.

Parece difícil el crecimiento electoral de la candidatura oficialista en estas dos últimas semanas, mientras que la propuesta de cambio político que convoca el campo democrático ha venido creciendo de manera constante desde los últimos procesos electorales. Pero no se puede ser triunfalista. La fuerza electoral del régimen sigue siendo importante, de lo que se trata es  de alcanzarla y superarla  con la suficiente ventaja posible.  Allí están trabajando los partidos y los movimientos democráticos, con sus actos de calle, sus asambleas, la formación  de los testigos y la preparación de la logística para el día de los comicios. Es la conformación de una masa de ciudadanos, de una legión de civiles  a la orden de la democracia, no de una sola persona.  El voto democrático se pronunciará a favor de lo que Henrique Capriles representa: el avance, la alternancia, la participación de todos, la verdadera igualdad.

Faltan trece días pero sigue la incertidumbre. El régimen inicia una campaña dirigida hacia la juventud: corazón de la patria, mi primer voto, el país feliz. En el camino, sin embargo,  quedaron miles de jóvenes asesinados por la indolencia gubernamental, pero ahora Chávez los necesita en las urnas de votación, no en las del cementerio.  Se termina el tiempo para el régimen. Transcurren los momentos para que se decidan los que faltan. El oficialismo intentará, con toda su fuerza,  crecer un poco, pero todo indica que hasta ahora la cuestión no parece funcionarle. Para la candidatura oficialista, como Izarra en Catia,  esto es lo que hay, no más.

Ángel Lugo

Secretario Político del CEN de AD