Los resultados electorales fueron simplemente malos, con un 44% de los votos cuando en las parlamentarias se obtuvo el 53%, y las causas son conocidas por la dirigencia de Oposición, que debe afrontarlas con sinceridad para no repetir los errores en las elecciones regionales de diciembre.

Concluyeron las presidenciales y Chávez ha sido proclamado para el período 2013-2018 con los resultados oficiales del CNE reconocidos sin objeciones por el propio Capriles y la MUD. No hubo fraude pero si brutal ventajismo, y con plena conciencia de su existencia concurrimos. Se ha dicho que hubo testigos en todas las mesas y que en poder del Comando Venezuela está algo más del 90% del total de las actas. En esta misma antidemocrática situación habíamos logrado el triunfo en las elecciones parlamentarias y en las de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, así como en las gobernaciones de Zulia, Miranda, Carabobo, Táchira y Nueva Esparta. Ahora en las presidenciales, la explicación es de Perogrullo: Chávez ganó porque obtuvo más votos que Capriles y éste perdió porque sacó menos. ¿Que la gente está defraudada porque le dijimos que ganaríamos y perdimos? Nadie hace una campaña diciéndole a los electores que va a perder.

De los resultados podemos sacar conclusiones si se los examina libres de reacciones glandulares y analgésicos numerológicos, sin consolarse ni lamerse las heridas, menos cuando en un par de meses tendremos elecciones de gobernadores y legisladores regionales y en abril del 2013 para alcaldes y concejales.

¿Que crecimos electoralmente? Pero ese crecimiento no fue porcentual y por tanto insuficiente para ganar. En las parlamentarias anteriores a estas presidenciales nuestros candidatos obtuvieron el 53% y los de Chávez el 47%. Estuvimos 6 puntos por encima de los candidatos de Chávez y 9 por encima del 44% que Capriles obtuvo el 7 de octubre. Ahora Chávez obtuvo el 55% y Capriles el 44% -once puntos por debajo. Excepto Táchira, perdimos las presidenciales en todos los estados donde ejercen gobernadores de oposición (Zulia, Miranda, Lara, Carabobo, Monagas y Nueva Esparta. Chávez ganó en todos los estados excepto en Táchira y Mérida, entidades donde AD y Copei son organizaciones fuertes. En Chacao votó el 73%, en Baruta el 78% y en el Hatillo el 80%. En Catia el 81%, en el 23 de Enero el 84% y en Charallave el 84%. Los llamados barrios populares  concurrieron en porcentaje mayor que los de clase media.

Para mi gusto, el mejor discurso de Capriles fue el de la clausura en Lara, en el que aludió directamente a Chávez, hablándole claramente sin elusiones y responsabilizándolo por los graves problemas del país. Fue un error abrir simultáneamente un frente contra la IV, que ya pasó, y otro con la V a la que debíamos derrotar. Denostar de la IV era reforzar el discurso natural de Chávez, estrategia nada recomendable porque, además de repetir el discurso ajeno, nuestro candidato también proviene de ese pasado que por cierto es mucho mejor que este presente.

Para mi no hubo sorpresas, porque seguí las encuestas y los resultados fueron los allí previstos. El fulano “voto oculto”, la esperanza milagrosa, no existía. Acertaron con precisión milimétrica Datanálisis (León-Gil Yépez) y Datincorp (Seguías). Bastante aproximados Datos (Saade), Gis XXI (Jesse Chacón) e IVAD (Seijas). Quien deberá explicar sus encuestas al país y al Comando Venezuela es Consultores 21, que tuvo un error de 15 puntos, porque dio ganador a Capriles por 4 puntos y Chávez ganó por 11.

La tarjeta de la MUD fue la cenicienta. No tuvo la ayuda y la propaganda que prometió el Comando Venezuela. Por las tarjetas de la MUD y otras votaron 72 de cada 100 sufragantes de Capriles. En la de PJ votaron 27 de cada 100. Los que más gastaron en propaganda fueron en este orden: Voluntad Popular, Primero Justicia y Un Nuevo Tiempo. No hubo relación proporcional entre su gasto y sus votos. Hasta el MIN-Unidad (109.201 votos para un 0,74%) tuvo las cuñas de televisión que no tuvo la MUD-UNIDAD, pero esa travesura no debilitó nuestra tarjeta.

Del Comando Venezuela, Armando Briquet y Oscar López fueron los mejores: escucharon, atemperaron sectarismos necios y resolvieron como pudieron. Supieron que para ganar hay que sumar e incluir, no empujar, discriminar ni despreciar, que un candidato no puede ser propiedad de nadie, que se deben aceptar los errores y corregirlos y nunca gastar por anticipado un premio que no se ha obtenido. Los felicito y les agradezco. No desaprovecharon los conocimientos que adquirieron cuando militaron en esa escuela política incomparable que es Acción Democrática. Y una reflexión final: los votos no son de los candidatos sino de quienes los emitieron. No son como el dinero que se deposita en una cuenta disponible a gusto del depositante para que éste los invierta como le parezca.

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el diario El Nuevo País 14-10-12