Dip Edgar Zambrano (7)
Carta enviada al Señor Presidente de la República por el Jefe de la Fracción Parlamentaria de AD

Caracas, 18 de febrero de 2014

Ciudadano.-
Nicolás Maduro
Presidente  de la República Bolivariana de Venezuela
Su Despacho.-

Ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en atención a lo dispuesto en el Artículo 136 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, referido al Poder Público, “El Poder Público se distribuye entre el Poder Municipal, el Poder Estadal y el Poder Nacional, se divide en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Electoral. Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado” y en mi condición de diputado de la Asamblea Nacional electo por la Circunscripción Electoral número 3 del Estado Lara, ocurro ante su competente autoridad: En atención a la voluntad de diálogo expresada de manera reiteradas oportunidades ocurro ante su despacho insistiendo en la solicitud de audiencia formal con el objeto de abordar el importante tema relacionado con la liberación de prisioneros, regreso de exiliados a la patria, así como el cese de la persecución judicial contra diputados principales y suplentes de la Asamblea Nacional.

Nicolás, si ubicamos la razón como elemento lógico de la política útil el país se encontrará con una gran contradicción, cuando el gobierno oferta una propuesta orientada a la paz nacional, pero igualmente muestra un alto y preocupante desinterés colocando luz roja en esa travesía por la paz.

Si somos presa del anarquismo, radicalismos corporativos y una polarización orientada a disminuir los principios que sustentan el encuentro del diálogo, perecerán los valores que orientan de buena fe los consejos emanados de modelos de comunicación asertivos.

¿A qué gobierno se le ocurre plantear una pelea con quienes disienten?, si un gobierno democrático conversa, tiende puentes para los puntos de encuentro, busca el mejor clima para gobernar sin alteraciones del orden público. Un gobierno sensato no le echa leña al fuego, contrariamente cesa la flama encendida, prendiendo la luz que ilumine la verdadera disposición para la paz social, haciendo caso omiso a las inentendibles consejas de las salas situacionales tanto oficiales como aquellas que medran el poder. ¿Recuerdas, Nicolás los partes secretos codificados de los inútiles laboratorios del Soviet, repletos de creatividad perversa y malévola con la intención de desconfigurar la política del continente latinoamericano?

Abandonemos a unos y a otros, incluyendo los malos discípulos de la década del 60 y el 70, para evitar el vacío político en extremo que nos ahoga en las malas percepciones de la realidad nacional conduciendo a la toma de malas decisiones que terminan divorciándonos del pueblo.

Los ciudadanos de este país, hombres y mujeres de trabajo, no quieren vivir entre el avance impetuoso de la fuerza pública y el reclamo permanente propiciado por la ineficiencia, las madres aterrorizadas pensando que sus hijos pueden llegar en furgoneta y no con la toga y el birrete producto de una política pública fallida como lo es la alta tasa de criminalidad. De allí se desprende, Nicolás, uno de los elementos más críticos objeto de la protesta universitaria que en lenguaje de a pie se traduce en la obligación del estado de garantizar el derecho a la vida. La paz de los santos sepulcros la dejamos para el infinito y no debemos propiciarla por el reclamo social, eso hay que administrarlo con sabiduría y cordura.

La Venezuela que reclama sus derechos no tiene miedo, ese pueblo se cansó de tanta pelea, voltear la mirada y encontrar gritos, descalificaciones, desconocimiento, violencia y odio,  no es eso lo que precisamente quieren hallar las nuevas generaciones cuando regresan la vista buscando vida. Evitar que  nuestros jóvenes muerdan el polvo, rodando en la calzada,  suspirando por una Venezuela de todos, no es el fin último de la vida por la vida, contrariamente  nuestros jóvenes deben ofrendar su existencia al estudio, trabajo, formando familias, viviendo sus hijos crecer, correr por las aulas del país, llevando por los años de los años la flor de sus convicciones democráticas.

Ofrendemos esperanza, construyamos la cultura de la paz en concordia, aislemos el anarquismo, sembremos porvenir, hablemos en voz alta para entendernos, controvirtiendo con pedagogía, respeto, donde la diferencia sea subsanada con la racionalidad debida en la orientación de la Venezuela que todos queremos, liberando las amarras del desencuentro.

¿Cómo mantener un país en zozobra, entre la penumbra y la luz del cielo?, el penoso dilema de nuestras madres envejecidas por el dolor y la pena de enterrar a sus hijos, haciendo utópico aquello de los hijos entierran a sus padres. Eso tiene al país en vilo, trasnochado, con los ojos puestos en respuestas para todos, eso nos cuesta la paz ciudadana.

Caramba, Nicolás, cómo entender tanta incongruencia política, cómo no entender el desencuentro de alto contenido social, la sociología de nuestras comunidades, tan elemental como que uno más uno son dos, política buena más política buena tiene un gran resultado y lo obtienes del ejemplo diario, saber por dónde va ese país y qué le duele a ese país, y hoy, Nicolás, al país le duele la política mala, esa que lo tiene en la angustia permanente, sin que exista un ápice de entendimiento para prender las luces que permanecen apagadas sin iniciativa de querer encenderlas.

Todos nos preguntamos sobre la extraordinaria eficiencia de las fuerzas de orden público para detener a los muchachos, pero también observamos con estupor que todos aquellos adherentes al gobierno pasan inadvertidos ante el ojo de la justicia, sentenciando a nuestro pueblo con sobrepeso al activismo constitucional, debiéndose investigar Nicolás, las denuncias sobre el uso de la fuerza, torturas y otras exquisiteces propias de los barbudos altamente conocidos por sus antimodales políticos. Un gran gesto derivado de todo desprendimiento prejuicioso sería que el Presidente de la República invite a palacio  a los jóvenes detenidos y escuche en clara e inteligible voz cada una de las odiseas vividas, vejámenes y humillaciones de las que fueron objeto.

Seguramente, Nicolás, por tus altas ocupaciones no tienes el tiempo para atender o conocer las denuncias realizadas por los jóvenes hechos prisioneros en los sucesos a partir del 12 de febrero, pero sin duda alguna convocarlos marcaría en la agenda del reconocimiento del otro un antes y un después, porque esto te permitiría conocer lo que supuestamente no conoces, sancionar el abuso y honrar el honor mancillado del futuro de la patria.

Retomemos, Nicolás, la permanente iniciativa de la Iglesia Venezolana a través de la Conferencia Episcopal, quien de manera persistente ha mostrado ante el país y al propio gobierno el deseo de aportar su esfuerzo en la constitución del diálogo necesario, el que impulsa el acontecer de los hechos de manera clara e irrefutable. Recientemente el clero venezolano se refirió a los hechos de violencia acaecidos en el país el pasado 12 de febrero, en los siguientes términos: “Los grupos violentos deben ser desarmados y controlados por las autoridades policiales, en concordancia con la política de desarme”. En sus declaraciones recogidas en el Diario El Universal del sábado 15 de febrero de 2014, Monseñor Diego Padrón, Presidente de la CEV sostuvo “el proceso de pacificación tiene que pasar por el desarme de los grupos violentos y tiene que entrar en la política de desarme. No se puede hablar de una política de desarme ni de pacificación si los grupos violentos siguen armados. En su escrito los prelados también reclamaron de las autoridades policiales y judiciales una investigación ´exhaustiva´ sobre los hechos que dejaron además de 60 heridos, 99 detenidos y 54 vehículos destruidos entre otros daños; y  ´castigo a los culpables en el marco de la Constitución y las leyes observando el debido proceso”.

Así las cosas, Nicolás, avanzamos hacia un proceso de colapso económico, aunado a la inseguridad ciudadana que nada más y nada menos tiene que ver con el derecho a la vida. Procuremos orientar el cauce de las nuevas políticas y liderazgos forjados por la colectividad, trillando su propio destino, prestando atención al reclamo de nuestro pueblo.

Imposible olvidar bajo ningún concepto el llamado angustioso de familiares del comisario Iván Simonovis, quien cada día que pasa presenta un mayor deterioro de su estado de salud, y la injusticia hacia los policías metropolitanos, tejen en la atmósfera situaciones que han debido ser resueltas con anterioridad y aún esperan la atención del estado y sus poderes.

Edgar Zambrano
Diputado