Para nadie es un secreto que en Venezuela las libertades son cada vez más vulneradas por un régimen que demuestra su pérdida acelerada de respaldo y que derrocha  la casi nula legitimidad restante del cuestionado resultado de las elecciones del pasado 14 de abril.

Durante los últimos 15 años hemos visto como poco a poco nuestros derechos son pisoteados, nuestra calidad de vida se ve mermada, el odio nos divide, el miedo nos invade y la libertad para alzar nuestra voz o expresarnos ante lo anterior es impedida o condicionada a desafortunadas consecuencias como la cárcel, el exilio, o el linchamiento político. Sin embargo poco se había visto que hasta el derecho a protestar fuese tan expresamente violado, pero así sucedió hace pocos días cuando el periodista Leocenis García fue detenido por unas horas sólo por pretender protestar frente a Conatel para exigir que fuese restituida la señal de Atel, canal de televisión sacado del aire por la intención que demostró Leocenis en comprarlo. Estos hechos demuestran  el profundo miedo que tiene un “gobierno” que se sabe debilitado y que no cuenta con un liderazgo que le de oxigeno ante su propia ineficiencia e irresponsabilidad.

Venezuela lleva más de 14 años sometida por un proyecto cuyo único fin es promover un sistema retrogrado y fracasado a costa de convertir al estado y su patrimonio, en un partido político cuyo principal patrocinante es nuestro petróleo. Ese proyecto y la actitud de sus administradores, lejos de demostrar el poder y la soberbia de la cual tanto se vanaglorian, demuestran una profunda debilidad y miedo, ese mismo miedo que le tienen a la justicia y por el cual mantuvieron secuestrada durante casi 4 años a la jueza María Lourdes Afiuni, para darle un mensaje a todos los jueces y magistrados venezolanos que se atreviesen a ser verdaderamente justos. Ese miedo por el cual dejaron morir a Franklin Brito para que ningún agricultor o ganadero los enfrentara con tanto coraje, el miedo por el cual cerraron RCTV y han apresado periodistas para enviarle un mensaje a su gremio. El miedo que los obligó a buscarle culpables distintos al 11 de abril y apresar injustamente al Comisario Iván Simonovis y a otros funcionarios. Ese es el miedo que los hace priorizar a los cubanos y subordinarse ante ellos porque saben lo que los venezolanos somos capaces de lograr juntos, porque saben que queremos crecer y superarnos y que no nos rendiremos nunca por más difícil que sea esta lucha. El miedo que ellos nos tienen lo convierten en odio y violencia, nosotros debemos convertirlo en solidaridad. Mientras más solidarios seamos, más poder tendremos.

Venezuela vive tiempos difíciles en los cuales la única manera de salir adelante será uniéndonos, pero no sólo en una unidad opositora, sino en una integración que nos enlace como país. Llegó el momento de rescatar sin complejos nuestra identidad, nuestra historia, aquello que nos une y nos hace sentir venezolanos.

Llegó la hora de que quienes estamos pensando verdaderamente en Venezuela, hagamos una causa común sin mezquindad y empecemos a demostrar que las cosas pueden ser distintas, que somos responsables, comprometidos y que no somos indiferentes. Venezuela decidió cambiar irreversiblemente, no dejemos que la frustración nos paralice ni que el miedo que nos tienen, representado por poder oxidado, nos haga perder las esperanzas. El momento de Venezuela, ya comenzó!

Diana D’Agostino

Presidenta de Fundhainfa

Artículo publicado en el semanario 6to Poder