Para el 16 de diciembre se le plantean a la Oposición retos y decisiones ante los cuales no debemos vacilar, utilizando la persuasión pero sin renunciar a la firmeza, aprendiendo de los aciertos y errores cometidos en las presidenciales.

El compromiso para elegir gobernadores y legisladores regionales el próximo 16-D, le plantea a La Unidad un nuevo reto, y lo primero que debemos admitir es que, aun cuando no todo sean desventajas, asumimos este nuevo compromiso en condiciones sumamente difíciles luego del resultado de las elecciones presidenciales. También debemos tener presente que La Unidad tiene desde su génesis las dificultades propias de su heterogeneidad, y éstas se han agravado tanto por los resultados electorales como porque los cargos contra el fenecido Comando Venezuela se le endosan con variadas dosis de razón al organismo permanente, que es la MUD.

Lo primero que deberíamos resolver con firmeza, sin titubeos, es la multiplicidad de candidatos en algunos estados, tanto para los gobernadores como para los legisladores regionales. En absolutamente ninguna entidad los números son tan holgados como para permitirnos varios candidatos. Podemos presagiar que donde no logremos alianzas perfectas seremos derrotados por un Gobierno que continúa empeñado en acrecentar su poder, ahora más engolosinado por los efectos de la cómoda reelección de Chávez. Al mismo tiempo debemos advertir que los candidatos que aparezcan como menos fuertes y no declinen sus candidaturas, resultarán pulverizados por la polarización -algunos hay que no parecen interesados en ganar, sino en que otro de la oposición pierda.

El reto de conservar Zulia, Miranda, Carabobo, Táchira y Nueva Esparta, donde la Oposición triunfó en las anteriores elecciones regionales, nos plantea un objetivo mínimo, pero en otros estados también tenemos altas probabilidades si hacemos lo que debemos y sobre todo sino reproducímos los errores de la campaña presidencial. Casos especialísimos son los de Zulia, Miranda, Lara y Monagas. Hacia los primeros por razones suficientemente conocidas y los otros porque sus actuales gobernadores y aspirantes a la reelección, fueron originalmente electos cuando formaban parte del chavismo. En las cabezas de Falcón y Bríceño el Gobierno busca venganza y mensaje ante eventuales defecciones.

El Gobierno se valdrá de todo para erosionar la unidad. Igual que en la campaña presidencial, han aparecido y seguramente aparecerán más reprobos tardíos “desmarcándose” de la MUD para generar la sensación de que La Unidad se deshilacha. Tocados por la mano larga del Gobierno, suscribirán proclamas, manifiestos y declaraciones, y al final recalarán en el pipote que el régimen tiene destinado para los trastos desechables.

Pero no todo son peligros y desventajas. Paulatinamente se recobran los ánimos y cada día son menos los que por sus propias razones estiman que su voto no fue defendido cabalmente, que fueron engañados o entregados, que aquí no hay salida electoral posible, que no vale la pena votar o simplemente que con la represalia del voto negado castigan a una dirigencia pacata e ineficaz. Todos esos comentarios perfectamente comprensibles luego de una derrota frustrante como la que acabamos de sufrir, deben ser asimilados por la dirigencia con serenidad y comprensión, aceptando que quienes se abstienen hacen uso de un derecho tan legítimo como el de quienes votamos. Debemos convencerlos de que podemos protestar y votar al mismo tiempo, y recordarles que en los procesos sociopolíticos nunca quedan espacios vacíos porque siempre algo o alguien los ocupa. Por otra parte, si la idea es crecer electoralmente hasta triunfar, debemos atraer a quienes han votado por el Gobierno, sin jamás insultarlos, menospreciarlos o humillarlos, puesto que su derecho de votar por el Gobierno es tan legítimo y respetable como el que tenemos nosotros de votar por la Oposición.

En esta campaña tenemos otras ventajas muy importantes: la primera, que nuestros candidatos son mejores, no sólo porque fueron escogidos en un proceso democrático e inobjetable de elecciones primarias o por unanimidad o en consensos amplísimos, sino porque todos, absolutamente todos, son del lugar donde compiten, pues no postulamos candidatos impuestos, ni paracaidistas, ni importados. La segunda es la regionalización y descentralización de la campaña, qué nos permitirá operativos electorales más eficientes adaptados a cada realidad local. La tercera, que existe conciencia sobre la necesidad de defender la descentralización y equilibrar a través del poder regional a un régimen rabiosamente autoritario, excluyente y centralizador.

Estas reflexiones, siempre valederas, lo son tanto más después de las elecciones presidenciales, donde tuvimos aciertos y cometimos errores de los cuales debemos aprender.

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 11-11-12