La enfermedad presidencial es importante, como lo hemos dicho en otras oportunidades, que un presidente se enferme, cualquiera sea la persona en el cargo, es relevante.  Eso es lo primero. Pero que se use como elemento para ganar votos de la manera más abierta, o para seguir agrediendo a aquellos que de manera democrática han expresado su oposición al modelo del estado comunal, donde se resume el socialismo del siglo XXI en su vertiente autocrática, es criticable e inaceptable.

A diferencia de lo que espera el régimen, las fuerzas democráticas  desean la recuperación al jefe de Estado, y no están en carrera para una elección presidencial. La lucha por el poder nuevamente aparece en el bando rojo. Y es que esto ocurre en los regímenes autocráticos-autoritarios, cuando no hay quien suceda al líder sino por vía de una sucesión. Que el Presidente haya pedido el voto para Maduro es sintomático. No solo es cercano al presidente, sino también a Cuba quien tiene un peso importante en las decisiones estratégicas del régimen.  Ninguna discusión en Consejo de Ministros, ningún  peso, ninguna discusión en la jerarquía del PSUV.  En ese cuadro, tendemos a pensar que la enfermedad presidencial ha sido más manejada por la política de la isla antillana, que por el propio liderazgo partidista e incluso del liderazgo presidencial. Cuba depende en mucho del petróleo, de los negocios y de los acuerdos con Venezuela, que han oxigenado desde varios ámbitos a ese país caribeño.

Algo que llama poderosamente la atención es el hecho de que  el presidente le dijo al país que estaba totalmente curado y libre de cáncer, antes de inscribirse como candidato presidencial el 10 de junio. Dijo la verdad o mintió, y luego, tal como lo dijimos en artículos previos (Chávez el candidato único), un presidente en tal estado de dificultad, ¿por qué debe lanzarse nuevamente a la carrera presidencial?. Alguien miente o alguien está utilizando a alguien.  En todo caso, lo que viene a la mente es la expresión del autocratismo, del culto a la personalidad. El caudillo debía seguir siendo caudillo, el presidente debía seguir siendo  presidente, yo debía seguir siendo yo. El yo que decide, el yo que impone,  que impone su propia candidatura por encima de la enfermedad; el yo que decide los candidatos a las gobernaciones, no importa si no viven allí, total,  para ambos casos, el proyecto es el yo y la ”revolución”.  Por eso no se puede hablar de una revolución, porque no hay un liderazgo colectivo, no hay politburó, lo que hay son instrumentos de una persona.  Existe una FAN convertida en cuasi-partido político, un partido que funciona como un brazo civil, un CNE como un brazo electoral, un TSJ como un brazo legal y la AN ni siquiera es el brazo parlamentario sino una simple  fachada legislativa.

Otro aspecto llamativo es que por primera vez se dan partes informativos sobre el proceso de salud del presidente. Eso es importante para un país que necesita saber de las condiciones de su jefe de Estado, pero han dejado en claro la jugada completa: cambio de fecha de la elección presidencial y manipulación sobre los comicios de gobernadores, todo para favorecer al primer mandatario y para cuadrar el entramado institucional a su antojo y conveniencia, siempre favoreciendo la toma del poder,  a pesar de las precarias condiciones de su salud. Hasta ahora lo único que se ha informado es que el  presidente fue operado por  la reaparición de células cancerígenas en la misma zona afectada anteriormente, pero no se ha dicho qué tipo y el para qué de la intervención. De la cadena presidencial entonces se obtiene que la situación no es fácil, que la enfermedad presidencial  ha avanzado. Que nunca hubo curación plena. No se trata de andar haciendo cálculos, es lo que ha quedado plasmado ante el país.

El jefe del Estado reelecto para un período de seis años está enfermo, pero aún no ha tomado posesión, que está prevista constitucionalmente para el 10 de enero de 2013. La enfermedad presidencial, de acuerdo con su propio informe,  es el cáncer… Pero por su actuación, podría decirse que la enfermedad es el poder, y en esa vorágine, en esa adicción, ha metido a toda  Venezuela.

Ángel Lugo

Secretario Político del CEN de AD