Es verdad que existen diferencias dentro de la MUD, las cuales cementan la naturaleza democrática del grupo. El liderazgo único que Chávez quiso convertir en axioma y que ha debido quedar enterrada con él, no tiene cabida en la oposición democrática.
 
Son muchos y diversos los temas que en torno a la MUD han constituido “noticia” y objeto de especulación de todo tipo. Es lógico que así ocurra en un organismo del que forman parte muchas organizaciones que, aunque tienen un mismo objetivo de buscarle a la situación venezolana una solución pacífica, democrática, constitucional y electoral, también tienen ideología, percepciones de la realidad, propuestas e intereses políticos divergentes. Eso no tiene nada de pecaminoso ni de vergonzante, ni tiene por qué generar sonrojo ni estupor cuando se comenta y se discute públicamente. Esa diversidad, que es esencia de la democracia, no impide el acuerdo en torno a objetivos políticos específicos, tal como se ha demostrado históricamente. Existen magníficos ejemplos de acuerdos entre fuerzas políticas opuestas que gozan de bien ganada reputación, como el Pacto de Punto Fijo en la Venezuela de 1958, el Pacto de la Moncloa en la España posfranquista y la Concertación en Chile después de la dictadura de Pinochet.

De la MUD podríamos decir que es pasional, en el más amplio sentido de la palabra, para bien y para mal, para las alabanzas y para los denuestos. Fue constituida hace 4 años y meses, su reunión preparatoria se efectuó el 12 de marzo de 2009 con la presencia de 10 partidos y el anuncio público se hizo el 8 de junio con 11 organizaciones. Para hoy, son 32 los partidos políticos integrados en ella. Desde entonces, la MUD ha tenido aciertos y errores, los primeros poco reconocidos y los segundos muy comentados, lo mismo que ocurre en todas partes cuando en la opinión pública se tratan asuntos de interés general. La normalidad pocas veces es noticia, sí lo es, en cambio, la excepcionalidad, lo sensacional e incluso lo escandaloso y lo amarillista. Aunque poco reconocido, no es nimiedad ni producto del azar lo que la MUD puede mostrar en el relativamente escaso tiempo de existencia: logró unificar una oposición que antes se hallaba dispersa, un crecimiento electoral sostenido; su tarjeta, aunque publicitariamente poco promocionada, fue la más votada en la historia electoral de Venezuela; arbitró mecanismos democráticos de selección de candidatos en todos los eventos electorales y alcanzó alianzas perfectas para postular candidatos unitarios a la presidencia, Asamblea Nacional, gober­naciones, alcaldías y concejos municipales; presentó no sólo críticas a un gobierno que lleva 14 años de pésimo desempeño, sino también propuestas, programas y planes concretos para superar los errores y ofrecer una alternativa viable y posible. Todo eso prueba incontrovertiblemente que la MUD ha sido eficaz y por eso el creciente respaldo a lo que es y representa. ¿Que en ese decurso hemos tenido diferencias muy profundas? Ciertamente. El día que desaparezcan las discrepancias, la MUD dejaría de ser democrática para convertirse en la misma comparsa anuente y silenciosa en que el ilustre muerto convirtió a su partido y al grupo de organizaciones políticas que forman el chavismo.

Por su misma naturaleza la MUD no tiene, ni puede tener, liderazgos únicos, ni nacionales, ni estatales ni municipales, ni tolerar pretensiones hegemónicas, por mucho que semejantes desviaciones típicas del primitivismo sean alentadas desde afuera por intereses de todo tipo y desde adentro por algunos cortos de entendimiento que pretendan aprovecharse del esfuerzo común para derivar ganancias políticas particulares o para cimentarlas sobre escombros. El liderazgo único, el cesarismo, el mesías, el líder providencial que viene a salvarnos de los males pasados, presentes y eventuales, toda esa patología propia del subdesarrollo político que Chávez quiso convertir en axioma y que ha debido quedar enterrada con él, no tiene cabida en la oposición democrática. El reto consiste en constituir el liderazgo democrático y plural a que tienen derecho los pueblos civilizados.

Esos son los permanentes y más importantes peligros que debe sortear la MUD, mucho más que las acechanzas y agresiones de un gobierno que viene en caída libre. Cualquier cosa que se haga desde dentro o desde fuera para debilitarla o menoscabarla, sea cual fuere el motivo aducido, es llevar agua al molino del gobierno. Ver claro y hablar claro evitará tropiezos y dificultades. La MUD no es un encuentro obligado entre cachicamos y lapas, ni un matrimonio morganático de nobles con plebeyos donde todos los derechos los tienen unos y todas las cargas y deberes los tienen otros. La MUD es una alianza entre iguales que se respetan en sus derechos y se reconocen en sus diferencias como fundamento de la unidad que nos exige Venezuela.

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 28-7-13