La noche oscura del alma es un clímax y a la vez un desasosiego del ser, por una “aparente” ausencia de Dios, que pareciera alejarnos de todo y de todos. Además, la carencia de todo en el individuo pareciera convertirse en un abandono total, de “… Aquél que nos amó primero… (1 Jn 4:19)”

Visto de esta forma, parece que estuviésemos remontándonos al pensamiento de Juan de La Cruz y a la espiritualidad Carmelitana, por el contrario, quiero aprovechar ese marco referencial para relacionarlo con el amor de patria y el sentir patriótico, probablemente muy golpeado en Venezuela por estos días.

El amor de patria, el amor por la tierra donde nacimos y se forjaron nuestros libertadores, el “amor por lo nuestro” es, el primer motor que activa nuestro vivir cotidiano. Por ello, tras allanamientos, persecuciones, inhabilitaciones y sentencias tribunalicias en uno u otro sentido, pareciera un  juego macabro que nos desconcierta en sumo grado.

Ciertamente que, los actores que provocan uno u otro movimiento, tienen distinta naturaleza. La noche oscura refiere a un estado del alma que, conforme a su “purificación”, a su “limpieza” lo acerca de tal forma a “la verdad” que es el mismo Dios; pareciera que aquél se oculta de la presencia humana, pero lo que ocurre es un real desasimiento del ser humano para hundirse en lo que es bello, es bueno y hermoso.

Ahí está la relación. El amor de patria -aunque diferente en esencia al amor de Dios para el creyente- se transforma en una lucha personal y colectiva por el logro de las grandes metas nacionales; la gesta emancipadora fue sin lugar un momento histórico que recoge en gran medida este hecho.

Sin embargo, nuestra historia republicana parece mostrarnos ambigüedades a lo largo del tiempo. En el actual régimen, el cinismo y la propaganda, buscan sustituir este amor de patria por retórica y “slogan” tales como “corazón de patria”,  invirtiendo cuantiosas sumas de dinero público para “vender sus remilgos”. Esa es nuestra “noche oscura republicana”, a la que refiero apretadamente en estas líneas, a la cual quiero hacer parangón con la noche oscura de la espiritualidad carmelitana. Hay una fuerza patria; hay un arraigado sentimiento nacionalista, no podemos creer que estamos abandonados  ante tanto corrupto e indigente de la política nacional. ¡Claro que no! El Libertador el 15 de agosto de 1802, en su propia noche oscura republicana, juró ante su maestro Simón Rodríguez, en el Monte Sacro: “Juro delante de usted; juro por el Dios de mis padres; juro por ellos; juro por mi honor y juro por la patria, que no daré descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que haya roto las cadenas que nos oprimen…”. De esta enseñanza patria, que se cristalizó 20 años después, surgen para mis lectores estas breves líneas. ¡El bravo pueblo tiene la palabra!

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com