Diciembre, el mes más iluminado del año y con su llegada nos llenamos de muchas ilusiones, de recuerdos,  de planes,  detalles, reflexiones, de compartir,  de grandes emociones para unos  y  de melancólicos recuerdos para otros, pero con una coincidencia para todos y es que nos invaden sentimientos que se acentúan más en esta época del año que trae consigo la Navidad. Si pensamos en los niños, todos tienen las mismas ilusiones aún cuando hay muchos que ni siquiera tienen  qué comer pero son niños y esperan un juguete nuevo en esta época; los jóvenes salen a divertirse, a disfrutar mientras sus padres los esperan ansiosos por la inseguridad que estamos viviendo  y los adultos aprovechan de realizar compras navideñas, de preparar comidas típicas de la época, de reunirse en familia y tratar de contactar a los seres queridos que por motivos diversos están fuera de Venezuela.

Navidad es una época en la que todos tenemos sueños que cumplir, metas por lograr, objetivos  trazados que nos motivan a recibir un nuevo año con la esperanza y la voluntad de comprometernos a llegar más lejos en cuanto a nuestro trabajo, sea cual fuere,  deseamos lo mejor a nuestra familia, amigos y vecinos. En fin, renovamos todos nuestro buenos deseos y es lo que manifestamos en cada abrazo de “ Feliz Navidad”, en cada regalo, en cada sonrisa, en cada uno de los adornos con los que decoramos el árbol navideño y el pesebre de nuestros hogares.

Sin embargo hay otra realidad y es la viven miles de venezolanos de a pie, ya sea porque están desempleados, porque viven en refugios por no tener una vivienda propia y digna, por no tener salud, porque les han asesinado algún familiar, por estar tras las rejas de una cárcel y muchos por estar exiliados en otra Patria.

La Navidad de todos ellos tiene que ser muy triste, llena de pocas ilusiones, sueños y esperanzas, estar sin las necesidades básicas satisfechas no puede ser motivo de celebración sino de angustia y desespero. Y nos preguntamos: ¿Qué pueden sentir hombres, mujeres y niños cuya pobreza o pobreza extrema en la que viven apenas si les permite hacer una comida diaria? ¿Qué pueden sentir niños como los de el caserío de Tusmare en El Hatillo si ni siquiera tienen agua potable para asearse y menos para beber? ¿o como los del caserío La Libertad que viven en ranchos de bahareque sin servicios básicos, sin estudio, y olvidados? ¿Cómo puede sentirse un enfermo que vive en la zona rural de Turgua, quien tiene que dializarse constantemente y debe atravesar caminando una empìnada, resbaladiza y peligrosa trocha? ¿Qué puede sentir una mujer que vive sola con 6 hijos en un rancho en Petare y trabaja en una casa de familia que apenas le alcanza para comprar comida para sus hijos? ¿Cuáles pueden ser los sueños de un grupo de presos políticos cuya vida está amenazada por los mismos internos del Penal y sin esperanzas de ser libres mientras dure este Gobierno? ¿Qué puede sentir una familia que ha perdido un ser querido asesinado a manos de la inseguridad?  Y cómo pueden sentirse los familiares de una víctima de secuestro esperando ansiosamente una llamada para exigir rescate?

La  respuesta a todas estas preguntas lamentablemente es muy sencilla, hay Navidad para unos pero no para otros, hay sueños y esperanzas para unos pero no para otros, hay salud, libertad, comida, educación y diversión para unos, pero no para otros. Si uno de mis sueños se cumpliera para éste próximo año, anhelaría salud para todos los venezolanos, empleo para que todos tengan oportunidades, la seguridad de salir a la calle y saber que se regresará  vivo y a salvo, viviendas dignas para todos,  educación para mis queridos niños venezolanos, libertad para todos los Presos Políticos y regreso de los exiliados, bienestar y calidad de vida para todos los hogares de nuestro País.

Por ello, de tantos deseos que quisiera se me cumplieran el próximo año, si tan sólo éste se me concediera, Venezuela sería el País con la Navidad más hermosa y completa,  con niños, mujeres y hombres felices y tranquilos para disfrutar una época familiar llena de cariño, sueños, esperanzas y en paz.  Estos son mis deseos, una Venezuela libre, de oportunidades y con paz para todos los venezolanos que vivimos, trabajamos y aún creemos en nuestra querida pero tan golpeada Patria.

 

Diana D’Agostino

Presidenta de Fundhainfa

Artículo publicado en el Semanario 6to Poder 22-12-12