Ya son tantos los abusos y constantes violaciones de Derechos Humanos en nuestro país que muchos venezolanos hemos perdido la capacidad de asombro. Algunos no advierten que la violencia y la persecución están en proceso acelerado de convertirse en una política de segregación del régimen. En la Venezuela de hoy son innumerables los casos que nos alarman y llaman a la reflexión, a la denuncia constante, y a la defensa de los derechos de todos y cada uno de los venezolanos. Uno de los casos que demuestra cabalmente la perversidad de este régimen es el de la Doctora María Lourdes Afiuni, una mujer que siendo inocente está sufriendo  injusta y desproporcionadamente una privación de libertad,  pagando casa por cárcel, después de pasar terribles momentos en el INOF, cuando su único delito fue actuar cumpliendo con una resolución de la ONU.

Afiuni es una presa política que al igual que muchos, forma parte de la herencia  de odio que dejó el “Corazón de la patria”. La particularidad de este caso es que el calvario que vive no sólo es presenciado por todos los venezolanos sino que va más allá de nuestras propias fronteras. Cada vez son más las numerosas y prestigiosas organizaciones internacionales vinculadas a la Defensa de Derechos Humanos que se pronuncian ante las inhumanas condiciones en las que ha estado recluida la jueza, además de la gran cantidad de violaciones de derechos humanos que ha sufrido a lo largo de todo este tiempo. El propio Noam Chomsky, quien en su momento fue defensor de la “revolución bolivariana”, se ha pronunciado sobre este dramático caso y a favor de una mujer que a  todas luces no sólo es inocente, sino que ha sido sometida a las injusticias más impensables y perversas. Este hecho me obliga a hacer un llamado a todos esos venezolanos  seguidores del oficialismo a reflexionar sobre este caso, acerca de cómo éramos los venezolanos y en qué nos hemos convertido. Pensemos por un momento en el sufrimiento injusto por el que María Lourdes ha pasado no sólo como mujer sino como madre.

Quién le devuelve a Afiuni estos años perdidos, los momentos que ha podido compartir con su hija y con sus padres si no le hubieran arrebatado su libertad. Cómo recupera el tiempo que ha pasado encerrada en vez de crecer profesionalmente después de haber trabajado por años para superarse, siendo una madre que a punta de sacrificios y esfuerzo levantó sola a su hija.  Y pensar que no hay resarcimiento que haga posible eliminar de su vida y de su mente todas estas injusticias y maltratos que ha tenido que soportar. Sin embargo, María Lourdes tiene su dignidad intacta y no está sola, cuenta con el apoyo, el respeto y la admiración de todos los venezolanos, pero en especial de las mujeres que vemos en ella una bandera de lucha y un ejemplo de perseverancia. En este país de injusticias y carencias, cada venezolano vive su propio calvario, la juventud se enfrenta a sus mejores años de vida truncados por la inseguridad y por la falta de oportunidades, así como los hombres se enfrentan a la angustia de tener que ser cabeza de familia en un país de inflación y desempleo. Las mujeres, muchas de ellas ejerciendo rol de padre y madre a la vez, tienen que hacer frente no sólo a la escasez sino al alto costo de la vida, al miedo de perder un hijo en manos de la violencia, a la difícil tarea de cultivar valores en los hijos frente al predominio de antivalores en la sociedad y más allá de eso, todos los venezolanos, sin excepción, estamos enfrentados a algo aún peor, vivimos en libertad condicional.

 Diana D’Agostino

Presidenta de Fundhainfa

Artículo publicado en el Semanario Sexto Poder