De proclama en proclama el régimen trata de disimular que ha fracasado hasta convertirse en una monumental estafa histórica.

    Cuando hace unos años comenzó en Irán el régimen fundamentalista del Ayatolá Komeini, se creó un Ministerio del Pecado cuyas funciones eran, demás está decirlo, controlar y castigar severamente las infracciones a la moral, creencias, normas y actos de la teocracia islámica en el poder. En Venezuela, durante el gobierno de Luis Herrera, se creó el Ministerio de la Inteligencia que tuvo más propaganda y burla que suerte. Hace pocos días el gobierno anunció la creación de una dependencia denominada “viceministerio para la suprema felicidad social”, que debo escribir en minúsculas para cumplir con la difícil objetividad que el caso amerita. Sospecho que los chavistas no saben que el principio-teoría de la “suprema felicidad social” fue inventado por el inglés Jeremy Bentham (1748-1832) uno de los pensadores más desparpajados e indolentes del liberalismo económico clásico, quien además era individualista, utilitarista, hedonista y antisocialista. Sin embargo, de entrada, debemos agradecer esta iniciativa del gobierno, pues, entre solo malas noticias, esta creación nos ha traído un sinfín de chistes que le caen como sedativos a nuestro apesadumbrado país.

En este campo, el gobierno de Maduro tampoco es original. Sin necesidad de crear ministerio alguno, ya Chávez había proclamado en ese cajón de perendengues que es el preámbulo de la Constitución de 1999, no sólo la suprema felicidad social de todos los habitantes de este país, sino nuestra superioridad en todos los ámbitos: no hay cosa importante alguna en que Venezuela y los venezolanos no seamos superlativamente superiores al resto de los países y habitantes del planeta, según establecen la proclama constitucional, la jerigonza chavista y las fanfarronerías gubernamentales cotidianamente desmentidas por los padecimientos de los ciudadanos de a pie. En otra memorable ocasión, Chávez proclamó a Venezuela como “país potencia” aunque nunca se tomó la molestia de precisar en qué aspecto, y la baladronada ha sido repetida en estos días por el infortunado heredero.

Otra proclama muy machacada dice que tenemos patria, y ciertamente que la tenemos, nadie podría negarlo, pero muy maltratadita la pobre en medio del hampa desbordada e impune, la suciedad, la marginalización, la corrupción, el desabastecimiento y la escasez, la inflación, la pulverización de la moneda, el colapso de todos los servicios públicos, la pérdida de la soberanía, la dilución de nuestras fronteras por los cuatro puntos cardinales, la invasión de militares y espías cubanos y el militarismo rampante que cualquier día de estos desemboca en un vicepresidente militar como primer paso hacia la toma total del gobierno que dejó de ser civil desde hace 15 años.

A decir verdad, así como la terquedad es la compensación que el débil contrapone ante su falta de fuerza, darse ánimos para quitarse el miedo, decirse superior cuando se es inferior, manifestarse contento para esconder la tristeza son formas de disimulo muy recurridas por los seres humanos y nada de criticable hay en ello. Pero cuando las carencias no son el producto de ningún infortunio natural ni de circunstancias sobrevenidas ajenas a la voluntad de quien las padece, la cosa toma otro cariz. El gobierno va de proclama en proclama porque ha fracasado y cree que de ese modo puede disimular lo que ha sido una estafa colectiva descomunal. Su fracaso es absolutamente inexcusable, no sólo porque es culpable voluntariamente por sus propios hechos sino porque habiéndolo tenido todo para triunfar ocasionó esta impar desgracia que nos costará varias generaciones superar.

Mientras esto escribo, el gobierno continúa desparramando proclamas por doquier contra la oposición “fachista”, para descalificar y eventualmente inhibir la ola imparable de manifestaciones ciudadanas que se producen por muchas razones a lo largo y ancho de toda Venezuela, y el ministro Héctor Rodríguez proclama por su lado que si se produce un eventual reventón por la hambruna en ciernes, es decir otro “caracazo”, sería del pueblo contra los ricos. ¿Será?

No hace falta caer en el terreno fecundo de las adivinaciones porque lo que se viene está de anteojitos y está clarísimo que no se parará con proclamas en este país que desde que nació anda de proclama en proclama. Miranda, Bolívar, Boves, Zamora, Falcón, Linares, Guzmán, Castro, todos eran expertos en proclamas. Páez no proclamó personalmente nada, pero los doctores que lo acompañaban proclamaban por él. Fue después cuando Barbarita lo puso a tocar piano y a hablar inglés. De aquellos caudillos sólo uno, Juan Vicente Gómez, nunca proclamó nada.

@hramosallup