Al final de la Semana Mayor en Venezuela, quienes hemos celebrado, junto al fervor de muchos compatriotas los días santos, recorriendo templos y viviendo la religiosidad popular en el centro de la ciudad capital y en muchas otras regiones del país constatamos, el amor por lo que significan estos días para el pueblo cristiano: los más humildes, los más pequeños entre todos. Junto a los poderosos, a quienes ejercen y han venido desempeñando el Gobierno desde esta muy “sui géneris” revolución castrocomunista que lleva 14 años de acumulación de capital en unas muy pocas manos: la sempiterna convidada “clase militar criolla” que ha usufructuado -a diverso tenor- los más variados procesos de acumulación capitalista, a la sombra de los regímenes de turno. Ya lo reflejaron en “La cuestión petrolera” dos importantes investigadores venezolanos, Asdrúbal Baptista y Bernard Mommer, que nos relata en sus páginas la construcción de la acumulación primigenia de capital en Venezuela, bajo los regímenes militares que “cundieron” la patria desde finales del siglo XIX, principios del XX y por qué no, principios del siglo XXI, con el castrocomunismo-caribeño-internacional, agregado nuestro. Esta expansión militarista, oculta ahora tras figuras civiles, habla de un nuevo modelo, financiado con recursos petroleros venezolanos que generan “coincidencias” y “extrañas omisiones o solidaridades espontáneas”.

Montar una campaña electoral rápida, sobre la imagen inventada de un culto popular de un líder fenecido, que hizo mucho, que destruyó a muchos –empleo, industrias, educación efectiva y eficiente- a cambio de populismo y “entrega de dinero a diestra y siniestra”, sobre todo a los aliados internacionales que –bajo la “inspiración bolivariana”- se convierten en parte del culto de inclusión desde la exclusión de incautos, “favorecidos” de alguna forma por el despilfarro público más grande e irresponsable de nuestra historia republicana.

Los actores políticos y sociales estamos ante la destrucción de un modelo económico y social que definitivamente sucumbe: gasolina barata, despilfarro de los dineros públicos, alianzas estratégicas ficticias para sostener “insostenibles” regímenes políticos foráneos, como Cuba con más de medio siglo de dictadura personalista y familiar, Fidel y Raúl Castro, que no son la isla de Cuba. Sistemas financiados y sostenidos por Venezuela con insospechados fines políticos locales y regionales.

“La tumba está vacía, por qué buscan entre los muertos…” así reza el evangelio. Esta naciendo en Venezuela una nueva y más justa conciencia nacional, más cercana a todas y  a todos. Un nuevo compromiso social que verdaderamente se acerque a los más pequeños, a los más pobres… pero no una cultura gubernamental asistencialista, permisiva y paternalista. Existe un profundo deseo de enseñarnos a ir adelante, a todas y a todos, juntos estamos frente al nacimiento de una nueva Venezuela.

Rafael Martínez Nestares