Afortunadamente, estas elecciones pasadas serán las últimas en que los sectores democráticos se presenten en una fórmula de tarjeta única, lo que desdibuja el contenido plural que es su atractivo más resaltante. Hay quienes piensan que la tarjeta única es la fórmula mágica que permite avanzar, ese es un criterio que respetamos, pero la realidad está demostrando lo contrario. En efecto, el poco avance de las fuerzas democráticas en las ciudades pequeñas e intermedias y en los sectores más deprimidos de la población es un contrasentido, por la desidia oficial en que se encuentran, lo que reclama un análisis menos superficial del que hasta ahora hemos visto.

            La desacertada política económica de este régimen – que va en contravía con el sentido común y con todas las economías que han avanzado en el mundo, es decir, aquellas que sin descuidar lo social se afincan, para progresar, en la economía de mercado, estimulando la productividad de las empresas privadas – afecta fundamentalmente a los sectores populares y, paradójicamente, es allí donde este gobierno y el partido que lo representa obtienen más respaldo. Creemos que esos sectores no ven representados sus intereses por una oposición amorfa que no tiene un mensaje claro de reivindicación social, sino que aparece, aunque no lo sea, como representante de una clase que es la que explota, cuando no estafa con sus comercios deshonestos, a las clases más depauperadas. ¿Cómo voltear la tortilla? He aquí el dilema que debemos resolver.

El caso de Antímano, una de las Parroquias más desasistidas de Caracas, es un ejemplo emblemático de lo que decimos: el PSUV obtuvo allí la votación más alta de la capital de la República, nada más y menos, que el 75% de los votos. Y en todo el Municipio Libertador, en general, se obtuvo la peor derrota de la oposición en los últimos nueve años. Es que hay que recordar lo que decía ese eminente ruso llamado León Tolstoi “no hay condiciones de vida a los que un hombre no pueda acostumbrarse, especialmente si ve a su alrededor que todos las aceptan”. Los líderes democráticos deben luchar al lado de ellos para poder cambiar esa mentalidad conformista y enseñarles que hay un mundo mucho mejor al que se puede y debe aspirar.

            Según nuestro criterio, la unidad de todas las fuerzas plurales que se oponen a este régimen y a su intento de hegemonizar ideológicamente a Venezuela, es un reclamo societal que acaba de ser confirmado, pero esa unidad requiere ser dotada de contenido y a eso nos queremos referir. En efecto, no es una delación reconocer las diferencias que existen en la variopinta oposición democrática venezolana y, en consecuencia, esas diferencias deben ser aireadas para que la sociedad civil comience a asumir posiciones en relación a cada uno de esos mensajes que deben llegarle para su discernimiento.

            En lo que hoy se conoce como Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y fuera de ella, hay sectores de izquierda democrática, en su mayoría adscritos al pensamiento socialdemócrata, que deben comenzar a acercarse para diseñar una política y una acción decididamente a favor de los sectores populares y de diferenciación con factores de la  derecha, también democrática, que tienen perfecto derecho y hasta el deber de asumir con valentía sus posiciones de cara al país. A eso es a lo que queremos apostar.

            La gente de pensamiento socialdemócrata tenemos mucho donde cortar frente a este régimen: el empobrecimiento progresivo de la población, lo que no sólo se ve en la miseria endémica de nuestros barrios, sino también en la falta de calidad de vida: autopistas y carreteras en mal estado, puentes que se hunden, hospitales sin medicamentos, escuelas en mal estado, desempleados y trabajadores mal pagados, informalidad generalizada, millones de venezolanos sin seguridad social, pero no basta con denunciar estas carencias, sino demostrar que todo se debe a un fracaso colectivo de un Estado que prefiere comprar armas y reprimir, antes que resolver los problemas antes citados. Para que nos crean, los sectores sociales más depauperados, debemos ponernos a su lado permanentemente y no sólo en épocas electorales.

            La trampa del plebiscito, propuesta planteada por una torpe dirección de la oposición y aprovechada ventajistamente por el régimen, hizo que millones de venezolanos no les interesara ese debate y no participaran en estas elecciones. Ese es otro tema que debemos analizar en próximas entregas, por razones de espacio, pero adelantemos que no debemos seguir cayendo en la trampa caza-bobos del gobierno al polarizar entre ricos y pobres, pues ya sabemos dónde está la mayoría.

            AD, UNT, VP, AP, ABP, MAS, no son sólo siglas, sino organizaciones que deben entenderse, si de verdad representan la izquierda democrática venezolana, para enviar un nítido mensaje que entre en sintonía con los sectores populares, los demás que hagan lo mismo desde sus posiciones distintas y, al final, nos debemos entender para salir de esta pesadilla de régimen que lleva a Venezuela por muy mal camino, pero la orientación de un nuevo gobierno debe apuntalar y mejorar las conquistas populares, nunca amenazarlas. Como decíamos en anteriores entregas: una tercera vía se hace imprescindible.

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@EcarriB