En 1951 Juan Domingo se acercaba al final de su popular y autoritaria primera presidencia al frente de la Argentina.

La Constitución reformada el año anterior (mediante un proceso constituyente convocado y ganado por él) había introducido la reelección presidencial inmediata, por lo que el presidente argentino se preparaba para reelegirse.Aquel era un gobierno que disfrutaba de un amplio apoyo público. Argentina era por entonces uno de los países más prósperos del mundo. Perón había impulsado una serie de reformas laborales y sociales que le ganaron el aprecio de la clase trabajadora. Por otro lado, el “conductor” había logrado (por métodos muchas veces poco democráticos) arrinconar a la oposición a un papel de reparto donde él tenía siempre las de ganar.Para completar el escenario político, su esposa, la primera dama Evita Duarte de Perón destacaba cada vez más por sus apasionados discursos e inagotable labor en favor de los “descamisados” y contra  la “oligarquía argentina”.

Justo antes de empezar la campaña de reelección presidencial, a Evita se le diagnosticó cáncer uterino. La evolución de su enfermedad fue un drama nacional. Con ese telón de fondo Perón fue reelegido con facilidad en noviembre de 1951. Evita fallecería meses después.

Pero por debajo de la superficie, la economía argentina entraba en barrena: estancamiento, inflación, desabastecimiento (incluso del bife argentino) y un creciente malestar social manifestado en numerosas huelgas.

El ajuste económico se hizo inevitable poco después del deceso de la primera dama. De ahí en adelante todo le iría peor al gobierno de Perón hasta su derrocamiento en 1955.

La historia no acabó allí: la leyenda de Evita mártir vino a ocupa un lugar importante en la mitología peronista
Luego de 18 años de exilio, Perón regresó a su tercera presidencia en 1973. Envejecido y cansado, su quebrantada salud mantuvo paralizado a su gobierno por semanas antes de su fallecimiento. Y mientras el país entero estaba pendiente del drama personal del presidente, se gestaba una brutal crisis económica. Su sucesora en el cargo presidencial y tercera esposa se mostró incapaz de manejar esa debacle nacional, la creciente espiral de violencia política, hasta que nuevamente los militares protagonizaron otro golpe de Estado.

Desde entonces el peronismo ha seguido ganando elecciones en la Argentina utilizando la imagen e incluso la voz grabada de Perón y Evita. El ciclo histórico en el que quedó atrapada la sociedad argentina se ha ido repitiendo casi fatalmente de una generación a otra: Muerto Perón, como vemos, no murió el peronismo.

La razón de éxito político de su movimiento político probablemente la dio él mismo luego de su derrocamiento en 1955: “Volveré, no porque lo haya hecho bien, sino porque los que me seguirán lo harán peor”.Efectivamente, se demostró que podía haber algo peor al peronismo: el antiperonismo. Para reflexionar: no basta con oponerse a algo o alguien, si no se ofrece algo mejor y superarlo. Puede ser una lección de la historia.
Pedro Benítez
Artículo publicado en El Mundo Economía y Negocios 18-1-12