Si un gobierno debe ser considerado, de verdad, un presidente obrerista, es el de Raúl Leoni.

Cuando la Junta Revolucionaria de Gobierno llegó al poder en 1945, de la cual Leoni formó parte junto a Rómulo Betancourt, Gonzalo Barrios, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Edmundo Fernández, el ex presidente fue designado ministro del trabajo.

En la introducción a la memoria del Ministerio del Trabajo de 1946, puede leerse que para el 18 de octubre de 1945 existían legalmente organizados doscientos quince (215) sindicatos mientras que para el 15 de diciembre de 1946, tienen existencia legal y funcionan normalmente setecientos cincuenta y siete (757) sindicatos. Además, con el apoyo de Leoni se constituyeron trece (13) federaciones sindicales, debiendo observarse, que para el 18 de octubre no existía en Venezuela ninguna federación laboral.

En ese mismo documento puede leerse que “…el Ministerio del Trabajo, después de la revolución, ha facilitado hasta donde lo permiten las disposiciones legales sobre la materia, la organización sindical de la clase trabajadora y de la clase patronal, porque está íntimamente convencido que la defensa de la democracia, el mejoramiento constante de la clase trabajadora y el desarrollo mismo de toda la clase de actividad industrial, requieren necesariamente de la organización sindical de obreros y patronos, porque la asociación a la vez permite defender mas adecuadamente los particulares intereses de cada grupo, fomenta también el espíritu de empresa en el patrono…”.

Aquí vemos a un ministro que no busca la defensa de su cartera o de su gobierno, sino la de los ciudadanos, la de los trabajadores en este caso. Y lo hace a través del fomento de los órganos que más difíciles se le hacen a los gobiernos: los sindicatos. Para Leoni no es importante el mantenerse en el poder, ganar adeptos o demostrar poder en el ejercicio de su cargo, sino dar a los trabajadores bases sólidas para la defensa de sus intereses.

Leoni entiende debidamente al papel del Estado en la relación patrono-trabajador: la de mediador. Logra terciar en conflictos laborales de empresas privadas, consiguiendo que ambas partes soluciones sus diferencias sin necesidad de conflictos laborales.

En 1947, el de El Manteco demuestra otra faceta diferente a la defensa sindical: la estimulación de los contratos colectivos: “La política del contrato colectivo, propiciada por el Ministerio del Trabajo como el mejor instrumento para estabilizar las relaciones entre en capital y el trabajo, ha continuado dando resultados positivamente beneficiosos como se puede apreciar por los datos expuestos en esta memoria y cuenta y como lo prueba el hecho que durante el año 1947 se haya suscrito, en todo el territorio nacional, un total de 575 contratos colectivos”.

Ya de presidente, el alma laboralista de Leoni se hizo patente con la reforma de la Ley del Seguro Social, con la que se comenzó con la política de pensiones de ese organismo, lo cual se encuentra en la más evidente vigencia.

La población en el sistema de seguro social obligatorio llego a quinientos treinta y dos doscientos setenta y dos (532.272) cotizantes y un total de un millón ochocientos sesenta y cuatro mil quinientos cuarenta y cinco (1.864.545) beneficiados. El incremento de asegurados fue del cincuenta y dos por ciento (52%) y el de beneficiados de detenta y seis por ciento (76%).

En 1968, entró en funcionamiento el Banco de los Trabajadores, entidad destinada a la captación del ahorro popular y a la canalización de recursos hacia las necesidades básicas de la clase obrera.

El aumento medio de los sueldos de los empleados fue de setenta y ocho bolívares con ochenta céntimos (Bs. 78,80) mensuales y el de los obreros de Bs. cincuenta y seis bolívares con diez céntimos (Bs. 56,10) por mes, lográndose una reducción sustancial del desempleo, de catorce coma cinco por ciento (14,5%) en 1963 a seis coma ocho por ciento (6,8%) en 1968.

Leoni si era un presidente obrero. Uno de verdad.

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD