Las elecciones municipales del 8 de diciembre no son cualquier proceso electoral. Aunque es cierto que esto se ha dicho de todos los procesos electorales anteriores, tal afirmación no ha sido, ni es, falsa.

No en vano dijo Henrique Capriles que las próximas elecciones serían una especie de plebiscito, y es que sólo hace falta prestar atención a las actuaciones del chavismo, y a las intenciones que les son marco, para entender que, una vez más, nos jugamos el pellejo como sociedad democrática en un proceso electoral.

El gobierno no ha parado en la campaña, de hecho, el nivel de gasto público destinado a ganarse o reconstruir afectos ha sido descomunal, desde que asumió el cargo el ilegítimo presidente Maduro, se han dedicado los personeros del gobierno a hacer proselitismo por el PSUV con el dinero de todos los venezolanos.

Todo esto puede sonar como un cuento repetido, y lo es, pero no por eso deja de ser cierto e importante, por el contrario, deja al descubierto la ilegitimidad del régimen, que necesita de un triunfo en el venidero proceso electoral para poder decir con bríos que ellos no han podido perder las elecciones del 14 de abril, situación que, a pesar de las decisiones del CNE y el TSJ –que como bien sabemos están parcializados en pro del ejecutivo- sigue generando duda, y por ende, debilidad política del gobierno.

Además de esto, del seguimiento a las actuaciones del gobierno a nivel nacional, salta a la vista que el triunfo en las elecciones del 8D es presupuesto para profundizar su proyecto hegemónico, antidemocrático y totalitario en el poder.

El PSUV ha iniciado un proceso de reorganización de su estructura que persigue, por una parte, eliminar liderazgos disidentes o incomodos en su propio seno, y por la otra, confundir de una vez por todas la figura del Estado, a través del “poder popular” con la del partido, a través de las Unidades de Batalla Hugo Chávez, haciendo que funcionen en las Salas de batalla los consejos comunales y las “UBCh”, y que sean estos, en conjunto, los que ejecuten el presupuesto público, en nombre de una supuesta mayor participación popular que, a la larga, no será tal.

De modo que sí, esta no será cualquier elección. Debemos entender como oposición que ante las adversidades que suponen una institucionalidad nula, secuestrada por el poder ejecutivo, sólo podemos apostar a la disciplina política, confiar en nuestros líderes en esta lucha y salir a votar como nunca, sin dejadez o desánimo que pueda con nosotros, ya que, de lo contrario, una vez más estaremos sirviendo en bandeja de plata el futuro de nuestro país a la asociación para delinquir que nos gobierna, tal como lo hicimos en el 2005. Aprendamos de nuestros errores pasados y sigamos adelante, que la pelea es peleando y esta es una batalla que lleva 200 años librándose y no acabará pronto, pero la democracia, sin duda, triunfará si entendemos lo que nos jugamos.

Francisco Ramírez Ramos

Miembro de la Comisión de Actualización de Tesis de AD