AD es un partido que, desde su nacimiento, ha tenido enemigos históricos enconados, e incluso intransigentes, incapaces de reconocer cualquier virtud y determinados a resaltar hasta el más mínimo defecto.

Así, por ejemplo, se puede contar a los comunistas venezolanos, cuyo movimiento encuentra su génesis en tiempos cercanos a la de AD y que desde un principio lucha, sin éxito, por disputarle a éste los sectores populares venezolanos. Vale decir que esta reseña a los comunistas es escueta por decisión propia, ya que no es el punto de este artículo tratar la relación entre comunistas y Adecos que muy bien se explica en el libro “Socialdemócratas vs. Comunistas” del compañero Antonio Ecarri Bolívar.

Por otro lado, podemos contar como uno de esos enemigos que han acompañado a AD casi que desde sus inicios a los militaristas, muchos de los cuales se identificaban con Juan Vicente Gómez y con lo que luego se llamará el Post-Gomecismo. Sectores que con la caída del régimen del caudillo único, del militarismo positivista, vieron caer también sus posiciones de estatus social, político y económico, como aristócratas de aquella corte putrefacta de conservadores. Personajes como estos hay muchos, pero quizás hay un nombre emblemático por lo ingrato y enconado: Arturo Uslar Pietri, quien hasta el último momento da rienda suelta a su odio desmedido, ya fuera desde su programa en VTV -canal del Estado muchas que aún y cuando gobernaba AD, no se le censuraba-, o desde su propia casa, en donde se dieron varias reuniones para cuadrar el golpe del 92 y posteriormente el apoyo a Chávez.

Son estos dos sectores que explico arriba a los que Carlos Andrés Pérez se refiere cuando habla de la rebelión de los náufragos de la política, en su discurso pronunciado a la salida de la presidencia en el año 93. Y son, al menos en alguna medida, quienes hicieron todo lo posible  para que hoy tengamos el presidente que tenemos, ya que nunca participaron de la democracia de forma crítica y constructiva, sino que sencillamente se dedicaron a adversar a AD, sentenciando incluso que la democracia no sirvió y que por eso había que superar el “puntofijismo”.

Pero hoy, finalizando el año 2012, no son aquellos los únicos enemigos de AD. En los documentos Venezuela en Crisis I y II, en los comunicados de los últimos CDN, en los documentos de la Unidad de Análisis y Políticas Públicas, etc., se ha determinado que el movimiento chavista representa el principal enemigo político de la democracia venezolana por su tendencia totalitaria, personalista, rentista e ineficiente, y de AD, como principal partido venezolano con una lucha histórica por la consolidación de la democracia como régimen político en Venezuela. Esta conclusión es cierta, pero incompleta.

En efecto, es mi opinión que los grupos que enarbolan hoy el discurso de “la nueva política” son también un peligro para la democracia venezolana y por ende deben ser considerados enemigos históricos de AD, aunque la coyuntura nos obligue a compartir la mesa con ellos. Paso a explicar por qué.

El discurso de “la nueva política” no es más que una reedición del discurso de la “anti política”, popularizado en los años 90´s, en el que se mantenía que en Venezuela había que trascender del sistema político partidista a uno en donde no hubieren políticos y tampoco partidos, uno en el que la sociedad civil organizada gobernara sin fines políticos sino sociales. Yo suelo explicar la hipocresía de estos postulados de la siguiente manera: Expresar que para gobernar a Venezuela se necesita solo “Gerencia Social” ya que “no han existido buenos políticos” es lo mismo que afirmar que si una edificación tiene defectos debido a errores cometidos por algunos ingenieros o arquitectos, de ahora en adelante no se debe ordenar la construcción de edificaciones a ingenieros o arquitectos sino a músicos y artistas plásticos.

Pero es que al final los supuestos movimientos sociales sin fines políticos terminan convirtiéndose en partidos políticos que persiguen el poder político y nada más. De modo que la estafa es fácil, convenzo a la opinión pública que no tengo fines políticos para ingresar a la política y vencer a los políticos que hoy tienen popularidad.

Mi problema con “la nueva política” radica en que nunca terminan de decir que tiene de nuevo la política. Quisiera saber a qué se refieren, ya que me siento víctima de una oferta engañosa. Es como  si nos dijeran que para tener agua más fresca hay que pasar a la nueva manera de hacer agua, la nueva agua. Y uno dice: ¿Cómo es esto? ¿Será que ya no hacen falta dos moléculas de hidrógeno y una de oxigeno? Y se repite el fenómeno de la anti política, pero ahora con otro nombre, y “líderes” que hablan de “nueva política” no hacen nada nuevo, distinto a venderse como no son, a través del marketing electoral, para que así la gente los quiera.

En ambos movimientos, tanto en el chavismo como en el de “la nueva política”, existe un fenómeno que es nocivo para la democracia y la institucionalidad: el personalismo político. No se trata ya de partidos y sus proyectos políticos de país, sino del “líder”.

AD debe, por su bien y por el de la democracia venezolana, hacer lo que fue incapaz de hacer durante los 80´s y 90´s. Debe entender las dimensiones de los enemigos a los que se enfrenta, debe reconocer las fuerzas de éstos y diseñar estrategias eficientes y eficaces que se encaminen a derrotar cualquier amenaza a la democracia y la institucionalidad, dentro y fuera de sí misma. De lo contrario, se convertirá  AD en su propio enemigo histórico, el autor de su propia destrucción.

Francisco Ramírez Ramos