Estoy convencido  de que el resultado de las elecciones presidenciales se debe, en buena medida, a que una gran parte de la juventud venezolana ha depositado su confianza en  Hugo Chávez. Sí, de alguna extraña manera, muchos jóvenes venezolanos han decidido que lo mejor para el país, y para ellos personalmente, es que Chávez siga gobernando a Venezuela.

Esto, en mi opinión, no puede ser mirado con ligereza por nosotros, los jóvenes que participamos activamente en la política desde una posición adversa a este gobierno. No se puede caer en pensamientos clasistas y discriminatorios como: “es que son unos ignorantes” o “lo que pasa es que todos son unos malandros”. Debemos ser más grandes que eso. Tales pensamientos  contradicen el mensaje reconciliador alrededor del cual giró la campaña de Henrique Capriles.

Debemos empezar un periodo de profunda reflexión, y pensar por qué tantos jóvenes venezolanos creen en Chávez como el constructor de la patria. También debemos reflexionar sobre por qué el mensaje de los jóvenes que apoyamos a Capriles no le llega a toda nuestra juventud.

El resultado de las elecciones presidenciales, en conjunto con la manera en la que la alternativa democrática los ha asumido, está cargado de buenos mensajes de esperanza -pero también de llamados de atención-,  para los que nos perfilamos como jóvenes líderes. Por una parte, hemos madurado como clase política, hemos entendido que antes que sumarnos a matrices de opinión irresponsables, debemos buscar crear conciencia social y política en la colectividad, ya no nos pueden decir que la unidad democrática no tiene un líder visible y de éste proceso quedó demostrado que el sistema electoral, al menos en lo que a lo operativo se refiere, no presenta mayor problema y no debería generar desconfianza.

Pero también, debemos comenzar a vencer las barreras que nos impiden reconocer y entender a los que hoy apoyan al presidente Chávez, aún estando nosotros  en desacuerdo con ellos. Un buen ejemplo de por qué es preciso que estudiemos a profundidad y entendamos la lógica chavista puede ser el de un partido de fútbol contra un equipo como el Barcelona o el Real Madrid. Imaginemos por un momento que somos un equipo que viene creciendo poco a poco, que queremos ir al Camp nou o al Bernabéu y vencer allí a estos equipos. Es fácil concluir que para lograr esto es preciso estudiar cómo juegan estos equipos, como funcionan sus jugadores, cuáles son sus técnicas, reconocer que tienen a Messi y a Cristiano Ronaldo, que tienen a Puyol y a Casillas. Pues bien, es imposible que derrotemos al presidente Chávez si seguimos negándonos una realidad que, aunque no nos gusta, está allí, frente a nuestros ojos: aún hay muchos jóvenes que apoyan al presidente y no les estamos llegando efectivamente.

Estudiemos el pensamiento del joven chavista, estudiemos y entendamos por qué ellos creen que este gobierno les brinda oportunidades, por qué sienten que están mejor ahora de lo que habrían podido estar antes de Chávez, o de lo que llegarían a estar, en cualquier momento, sin él. Sólo así podremos diseñar nuestra estrategia de juego, sólo así podremos demostrarles por qué nosotros creemos que no tenemos hoy tantas oportunidades como podríamos tener. Si no nos damos a la tarea de escuchar al chavista, no podremos esperar que el chavista nos escuche, hasta por un tema de códigos y lenguaje.

Es preciso que entendamos cómo está compuesto hoy el universo de la juventud venezolana. Jóvenes obreros, estudiantes, campesinos, pescadores, trabajadores públicos, todos unidos por las ganas de progresar, pero que muy seguramente, entienden el progreso de muy diversas maneras.

Esta generación de jóvenes políticos, de este lado y del otro, tiene que asumir compromisos que, si bien no son fáciles, son necesarios para poder impedir que en nuestras manos muera la República. Tenemos que comprender que sin formación no somos nadie en el mundo político, que no podemos entender a Venezuela sin estudiar y comprender a profundidad su historia, que si no estamos realmente preparados para asumir instancias de poder, no podemos aspirarlas porque de llegar a ellas lo haríamos mal y el pueblo no nos lo perdonaría.

Tenemos que dedicarnos a nosotros, para poder luego dedicarnos al servicio público, debemos formarnos, abrir la mente y comprender los procesos políticos e históricos que dan forma a nuestra realidad, sin caer en el grave error del cortoplacismo que, en buena medida, nos ha traído hasta donde estamos.

 Sin duda, debemos inspirarnos en la generación del 28, la de los constructores de nuestra democracia, para que el día de mañana asumamos, como ellos lo hicieron, los roles que nos toque asumir para construir una Venezuela de progreso, libre y de los venezolanos.

Francisco Ramírez Ramos

Miembro de la comisión de actualización de la tesis programática de AD