Este gobierno incurre en el despropósito de decir que las elecciones del 7 de octubre serán respetables si él las gana pero no si las pierde, palabras muy graves cuando las pronuncia quien tiene a mano los recursos para pasar de las palabras a los hechos

El pasado lunes 10, Henrique Capriles anunció en didáctica exposición ante el país las medidas que ejecutará en sus primeros cien días de gobierno para abordar desde su toma de posesión los principales problemas del país, que día a día se agravan en el presente régimen. Los temas principales (inseguridad, desempleo, servicios públicos, vivienda, misiones y programas sociales, relaciones laborales, economía, producción, actividades agropecuarias), fueron expuestos de manera muy clara y directa, con soluciones viables. Cero demagogia.

En toda campaña electoral, y mucho más cuando está altamente polarizada como la actual, el debate Gobierno-Oposición supone una discusión entre puntos de vista, programas y propuestas y en última instancia corresponde al electorado expresar sus preferencias mediante el voto. Si gana la Oposición quiere decir que el electorado reprobó la gestión del Gobierno y en caso contrario se entiende que el electorado decidió por sus propias razones prorrogar su confianza en el régimen. Hubiese sido sumamente positivo, para que el electorado se formara una opinión completa sobre los candidatos y sus programas, que Chávez aceptara la invitación a debatir que le hizo Henrique Capriles, pero, lamentablemente, tal posibilidad está completamente descartada en la estrategia del gobierno.

Independientemente de los resultados electorales, aquí no se producirá ningún nocaut, ni del que Chávez alardea para intimidar e inhibir a sus opositores y levantar los decaídos ánimos de sus copartidarios, ni el que vaticinan algunos opositores asegurando que el régimen quedará tendido en la lona. Habrá un día siguiente y eso significa que cualquiera sea el ganador deberá enfrentar un cúmulo de problemas que nadie por sí solo puede solucionar, entre otras cosas porque los venezolanos estamos divididos casi por mitad en dos sectores que deben decidir si entenderse o matarse.

En una democracia normal, las elecciones son el instrumento que los cientistas sociales denominan de “composición”, es decir, el instrumento pacífico, cívico y democrático que permite resolver civilizadamente (es decir, civilmente) y temporalmente (por lapso breve o corto) el conflicto político del momento, instrumento que debe utilizarse cada vez que los conflictos se reavivan. A riesgo de ser mal interpretado, debo decir que desde que Chávez llegó al poder hace 13 años, se han efectuado varias elecciones (presidente, parlamentarios nacionales, gobernadores, legisladores regionales, alcaldes, concejales y referendos), pero, independientemente de sus resultados, esas elecciones no han “compuesto”, ni siquiera mitigado, la permanente conflictividad política y sus consecuencias en todas las áreas de la vida nacional, sino que, lamentablemente, la han agravado. Dicho más sencillamente, después de cada elección en vez de salir unidos, reconciliados y “compuestos”, los venezolanos hemos terminado más divididos y enfrentados que antes. ¿Puede un país en ese clima superar sus graves dificultades? ¿Puede sobrevivir sin reventar una democracia con un gobierno de una mitad contra la otra mitad?

Si los ciudadanos llegaran a perder la fe en las elecciones como instrumento de “composición”política, la abstención crecerá con la consiguiente afectación de la legitimidad del triunfador electoral sea quien sea, y cada vez será mayor la posibilidad de que aparezcan otros instrumentos de “composición” distintos al electoral. Por lo que han dicho voceros militares activos y civiles del régimen (en ese mismo orden), en el oficialismo hay factores que no descartan la posibilidad de emplear “otros” instrumentos en caso de que las elecciones les resulten desfavorables. En servicio de ese propósito que se han producido los anuncios de que “las fuerzas armadas no aceptarán un resultado desfavorable porque están casadas con el proyecto de Chávez” y los anuncios de “guerra civil” si el gobierno pierde las elecciones. Esto equivale a decir que para este gobierno las elecciones son respetables únicamente si las ganan pero no si las pierden. Si decir semejante despropósito sería inadmisible en pre­dios opositores, mucho más tiene que serlo en un gobierno que cuenta con todo para pasar de las palabras a los hechos.

 

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 16-9-12