Muchos han dicho, cuando alguien defiende los logros de la democracia venezolana, si ese período fue tan bueno ¿Por qué la gente votó por Chávez? Esta es una pregunta que amerita, más allá de la sorna con se formula, una respuesta que pueda satisfacer la complejidad del momento histórico que se vivió en aquella época y no la simpleza del pensamiento de aquellos que no entienden suficientemente, pero creen entenderlo todo.

Lo primero es el hecho que la clase política democrática no dio el siguiente paso de haber transformado un país de habitantes en un país de republicanos dotados de un bagaje cívico elevado. Ciertamente esa dirigencia se preocupó por mejorar las condiciones de vida del país y lo hizo, por más injusto, irracional o resentido que se pueda ser es innegable que las condiciones de vida de los venezolanos de 1998 eran mejores que las de 1957 y eso a pesar de la fuerte crisis que afectó al país a partir de los 80. Este punto es importante pues la valoración de la mayoría por las instituciones era muy baja y aun lo sigue siendo.

Eso creó una nostalgia por los caudillos militares, azuzada por los detractores del sistema, quienes aprovecharon los errores y nunca expresaron los avances para luego exaltar a dictadores como Juan Vicente Gómez o Marcos Pérez Jiménez. Respecto a este último hay que detenerse un poco pues era él precisamente quien gobernaba antes del sistema democrático. Sobre este personaje se han tejido toda suerte de mitos transformándolo en el imaginario popular en una especie de “civilizador progresista”, basados en unas cuantas obras de gran envergadura, la mayoría de las cuales están en Caracas y sus alrededores.

He allí la primera gran crítica a ese quinquenio, mientras la capital florecía y se transformaba en la gran vitrina del régimen, el resto del país estaba muy desasistido. En segundo lugar, las obras de real impacto social (hospitales, autopistas, embalses, entre otros) que se desarrollaron durante la dictadura fueron planificadas durante el Trienio Adeco (1945-1948), con la excepción de la Ciudad Universitaria de Caracas planificada en el gobierno del presidente Isaías Medina Angarita.

Muchos engrandecieron la obra de PJ en detrimento de la democracia, mucho mayor, tanto desde el punto de vista de la cantidad como del progreso social. Los guerrilleros derrotados por la acción de los gobiernos de Betancourt y Leoni fueron incorporados al sector cultural como un ejemplo de reconciliación. Sin embargo, desde allí muchos de ellos comenzaron una guerra subterránea en contra de la democracia a través del cine, la música, la literatura, la televisión, el periodismo, etc.

Con un mensaje atrayente y subliminal atacaron la consciencia y el subconsciente de los venezolanos a través de estereotipos que se repetían una y otra vez. Como ejemplos de esto podemos colocar muchas de las películas que el cine nacional proyectó a partir de 1975, cuando,  por decisión del primer gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, se comenzó a otorgar un gran financiamiento a ese sector, inclusive a directores identificados con el marxismo. En esos filmes se aireaban las frustraciones y dificultades de muchos ciudadanos magnificando los hechos hasta convertirlos en lugares comunes.  En la película Disparen a Matar (1990) hay una escena clásica donde la policía allana una humilde casa y dentro la dueña tenía una foto de Carlos Andrés Pérez, entonces presidente.

Valdría la pena preguntarse si hoy en día la Villa del Cine financiaría proyectos cinematográficos críticos del “proceso”. En cuanto a la música cada solista o grupo que cantaba en contra de los políticos era objeto de una gran popularidad. Aquí podemos mencionar a Alí Primera, cuyas canciones criticaban el imperialismo yankee, pero nada decían cuando la desaparecida Unión Soviética hacía lo mismo que EEUU.

Las novelas de la televisión, muy apreciadas dentro y fuera del país, se vieron impactadas por temas sociales y políticos terriblemente deformados y no hay mejor muestra de ello que Por estas calles (1992-1994), producción de RCTV, canal fuera del aire actualmente y no precisamente por la democracia que tanto atacaron.

El periodismo amarillista también puso su contribución en el desprestigio de la democracia mostrando siempre los aspectos negativos y nunca los positivos. Entre los miles de ejemplos que se pueden citar está una periodista venezolana quien dijo el 12 de octubre de 1995 que ella no celebraba ese día (aún se llamaba Día de la Raza) pues significaba “la llegada de los primeros adecos a América”.

Todas estas razones, presionando simultáneamente, lograron minar la confianza de los venezolanos cuando el sistema hizo crisis después del Viernes Negro, responsabilidad de un gobierno en específico y no de toda la democracia. Al producirse el intento de golpe el 4 de febrero de 1992 ya estaba creado el escenario para que llegara una nueva clase política no democrática. Pero, más temprano que tarde, el indomable espíritu de la libertad aflorará de nuevo en nuestra amada Venezuela.

 Mario Buffone

Secretario de Cultura de AD Aragua