La semana que pasó fue de las más importantes para la democracia venezolana. La postulación de candidatos a alcaldes y concejales para las elecciones del 8 de diciembre son el primer paso para una nueva y definitoria batalla política contra el sistema hegemónico, entreguista y fascista que encarna Nicolás Maduro.

El comprimiso de todos los candidatos de la Unidad que se postularon para llegar a cargos de elección popular tienen la responsabilidad de dar lo mejor de sí. En mi caso en concreto, acepté la postulación que hiciera mi partido Acción Democrática para que asumiera la candidatura a concejal en el municipio Chacao del estado Miranda. Asumo el reto de dar la lucha desde las bases.

Y es que estas elecciones tienen finalidades en común, que van mucho más allá de lograr llegar a unos cargos y repartir clientelarmente algunos puestos laborales.

La filosofía de asumir estas elecciones tiene, como primer fin, luchar políticamente desde las bases. Cada candidato a alcalde y a concejal debe convertirse en un líder de su comunidad. Cada uno de nosotros tiene el reto, el deber, la obligación, de conocer nuestros vecinos, comprender sus problemas domiciliarios, los asuntos vecinales. Cada calle, cada esquina, cada sector, debe ser conocido y manejado por nuestros candidatos. La idea de esto es poder hacer entender a todos los vecinos la necesidad de oponerse al régimen oprobioso y represor de Maduro y sus cuarenta. Nuestros líderes locales deben ser los grandes puentes que lleven el mensaje de Henrique Capriles y los líderes políticos nacionales de la MUD a cada uno de los ciudadanos.

La MUD preparó un plan de gobierno utilizado por todos los candidatos. Cada uno de estos, con sus propias ideas y visiones políticas, tienen un mensaje unitario que vender, que explicar al pueblo. Como dijo Henrique Capriles el objetivo de todos los liderazgos locales es hablarle a la gente, y no hablarse a sí mismos. Cada candidato debe hacer sentir representado a su elector y hacerle entender el mensaje de la Unidad Democrática.

La segunda gran finalidad de las próximas elecciones es convertir las mismas en un verdadero plebiscito. Si ganamos por amplia mayoría, por más que quieran las rectoras militantes del PSUV del CNE, no podrán esconder la verdad. Hay que hacer entender al pueblo que votar por la tarjeta de la unidad es votar en contra de Nicolás y sus malandros.

Así lo dijo Capriles: “Los cambios que queremos en nuestro país pasa necesariamente por el 8 de diciembre, porque allí sabremos si haremos un gran proceso de consulta, reforma, enmienda o constituyente para salir democráticamente de este gobierno. El 8 de diciembre tiene que ser un gran plebiscito para evaluar y decidir si gana la alternativa democrática” y “Quedó demostrado que si ganamos por poco te roban la elección. Ganamos el 14 de abril porque hicimos el trabajo, porque pusimos semillas en todos los estados y eso no fue no por estar detrás de una cámara de televisión sino por hacer política de verdad en la calle, con el pueblo. Tenemos una gran oportunidad y única el 8 de diciembre”.

Es verdad. Tenemos una oportunidad única. Los candidatos locales debemos convencer a nuestro pueblo que el voto se convierte el 8 de diciembre en un arma de lucha. Que cada dedo en la tarjeta de la Unidad es un dedo en el ojo de Nicolás. Estas elecciones van mucho más allá de poner a personas en cargos. Se genera una lucha política de mucho rigor por hacer respetar los principios democráticos pisoteados desde hace tantos años por el régimen chavista y, fundamentalmente, por devolver a los venezolanos la calidad de vida que se llevó el difunto presidente.

Basta de municipios donde la basura se desborda, donde las calles están destrozadas, donde la policía local es inexistente, donde los botes de agua son incontrolables. Es hora que la oposición democrática, la que si sabe gobernar, tome el control político del país desde las localidades, desde la base.

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD