Tras 50 días en las calles y tristemente un número similar de muertos, buena parte de ellos jóvenes, es imposible volver atrás.

La burocracia gobernante debe entender que sus opciones se agotaron y que salvo la facilitación de inmediata convocatoria a elecciones el escalamiento de la confrontación es inevitable.

¿Están dispuestos todos los estamentos del poder en Venezuela a mancharse más las manos de sangre, a continuar encarcelando, torturando, a proseguir delinquiendo de lesa humanidad? ¿Entiende el aparato gubernamental que las responsabilidades por la violación de derechos humanos son de carácter individual e imprescriptibles?

¿Es que acaso en la Escuela de Formación de Cuadros en La Habana, o en los muchos cursos de adoctrinamiento al liderazgo del PSUV, no le han dedicado aunque sea unos minutos a la historia? ¿No les han hablado de la Revolución Francesa donde un pueblo que demandaba pan derribó a una monarquía centenaria cuyas cabezas terminaron cayendo a los pies del verdugo, guillotinadas, en pleno centro de París? ¿O mejor de la Rusia zarista en la cual miles con hambre asaltaron el Palacio de Invierno y apresaron a la corte en pleno que terminó fusilada, mujeres e hijos incluidos, en la lejana Siberia? ¿O de los jerarcas nazis que reinaron a sangre y fuego sobre un Reich que proclamaron por mil años juzgados en el tribunal internacional de Núremberg y luego ahorcados? ¿O de cómo terminó Mussolini y su amante Clara Petacci colgados de boca abajo en los faroles de una Plaza de Milán? ¿O más reciente de los finales de Sadam Hussein o el vergonzoso por humillante de Gadafi –ejecutado tras introducirle un tubo por el recto- y de la totalidad de sus colaboradores y muchos de sus familiares?

¿Será que alguno de los que hoy usufructúan el gobierno sueñan para Venezuela la suerte de Siria con decenas de miles de muertos y la destrucción de buena parte de sus ciudades? ¿Se verán como Bashar al-Ásad aferrándose a la presidencia en su palacio de Damasco sin importarle las víctimas y el dolor que ha causado?

¿Y para qué quieren seguir al frente?

¿Para que la inseguridad reine, el desempleo galope, la falta de alimentos y medicinas sea constante, el empobrecimiento incrementándose, los muchachos marchándose del país? ¿Para que los pacientes mueran de mengua y la humillación en colas marque la existencia diaria?

Chávez nunca dudó consultar al pueblo y si bien abusó del ventajismo y alentó todo un sistema que rayaba en lo fraudulento, durante su gestión se realizaron 19 consultas electorales. Crisis como las que ahora atravesamos, no la política por cierto la más importante sino la económica-social la relevante, quedarán atrás si el pueblo en elecciones libres, universales, secretas y transparente, decide su destino.

No puede haber ninguna duda que estamos en una encrucijada dramática y que en este punto del todo o nada del gobierno y la oposición solo las elecciones evitarán una tragedia.

No hay vuelta atrás.