Escribo esta columna en la madrugada del 15 de Mayo. Al concluir saldré a la calle a incorporarme al gran Plantón Nacional convocado en todo el país por la MUD.

Veo que es el día 45 desde que millones reclamamos de manera continua por democracia y libertad.

Han sido semanas de lucha en las cuales entre 40 y 50 venezolanos -las cifras varían según el vocero- han perdido la vida, centenares heridos, miles detenidos muchos de ellos encarcelados ilegalmente e incluso sometidos a tribunales militares.

Una y otra vez insistimos acerca del carácter pacífico y constitucional de nuestro activar y reiteramos que la demanda fundamental es la que se permita decidir al pueblo en las urnas electorales acerca de su futuro.

La OEA, el parlamento europeo, gobiernos amigos, organismos multilaterales y hasta El Vaticano coinciden con nosotros en cuanto a que la convocatoria inmediata a elecciones es la única salida posible antes que la confrontación escale y la tragedia sea mayor.

La crisis venezolana es innegable y salvo unos pocos “enchufados” a todos afecta. No hay medicinas y pacientes mueren de mengua, escasean los alimentos y centenares de miles pasan hambre, la inseguridad campea por doquier y se cuentan por decenas de miles las victimas en estos años de oprobio, el salario para nada alcanza, la infraestructura pública está derruida y los servicios públicos colapsan, millones se marchan del país especialmente los jóvenes.

Venezuela requiere urgente solución a la grave problemática que enfrenta y no queda duda que tal solo es posible con un cambio urgente de políticas, modelo y gobierno -nacional, regional, municipales- responsable tras casi dos décadas de gestión absoluta en el poder del estruendoso fracaso que asombrado el mundo observa.

No hay como explicar que una nación con tantos recursos, con tanto talento, pase por lo que pasa.

Es tiempo de cambiar.

Muchos me preguntan que hasta cuando será esto? Yo les respondo hasta que triunfemos.

Un poco más; esforcémonos un poco más que estamos cerca y bien vale la pena.

El pasado domingo recordamos que no celebramos el Día de La Madre. Por las viudas que el malandraje sin control han multiplicado, por las madres de los muchachos asesinados marchando tras un sueño, por las de los heridos, prisioneros, torturados, por las que hoy se levantan sin saber que comerán sus hijos o por aquellas que velan a sus bebés enfermos sin adecuada atención médica, hay que dar un poco más.