En muchas ocasiones hemos oído la expresión “somos un pueblo pacífico”. Seguramente de tantocreemos, no solamente nosotros sino también quienes desde el poder aplastan con saña la disidencia, que a cualquier evento “somos un pueblo pacífico”.

Olvidamos nuestra historia.

Cuando en su tercer viaje, Colón arribó a las costas de Paria, se encontró, en medio de un paisaje de extraordinaria belleza,  a nativos que lo recibieron en paz. Fue después cuando le arrebataron sus tierras y quisieron esclavizarlos que el pueblo alegre devino en guerrero. Guaicaipuro, Arichuna, Baruta, Catia, Chacao Tamanaco, Tiuna, Naiguatá, encabezaron la lucha contra quienes ungidos por un lejano Rey quisieron despojarles de todo lo suyo. Es cierto que la lucha era desigual pero igual la dieron con bravura.

El 19 de Abril de 1810, que hace poco conmemoramos muchos en la calle, fue un día de paz. La renuncia del Capitán General Emparan y con tal el comienzo del proceso de independencia se dio sin violencia y salvo los gritos de “No te queremos” no hubo ningún incidente que lamentar. Lo duro vino más tarde cuando el restaurado Fernando VII envió tropas para someter a las rebeldes provincias y por varios años se combatió con ferocidad. Otra vez la lucha fue desigual hasta el punto que en la Batalla de Carabobo, en 1821, por vez primera nuestros soldados vistieron de uniforme. Al final se impusieron los que habían decidido ser libres y así lo fueron.

La consolidación de Venezuela como nación se hizo a sangre y fuego. Son incontables los alzamientos, revueltas e incluso guerras terribles como la Federal que durante el siglo XIX y hasta la instauración de Juan Vicente Gómez se sucedieron. No hay cifras exactas pero se estima que cerca de un tercio de la población murió en esos años víctimas de los enfrentamientos o a consecuencia de ellos sin contar con la ruina generalizada que azotó al país.

Gómez fue un dictador sin disimulo. Pero a pesar de su crueldad debió enfrentar periódicamente a quienes se resistían a la opresión. Se contaron por decenas los muertos, por centenares los encarcelados, los desterrados, pero jamás se rindieron los que soñaban con una Venezuela distinta.

La primera experiencia democrática en nuestra historia republicana nació y cayó entre balas. Medina fue echado del poder por la revolución de Octubre de 1945 y solo 3 años más Gallegos fue expulsado por una militarada que se enseñoreó durante una década en el gobierno pero que no tuvo un solo día de tranquilidad. Nombres para la leyenda como Ruiz Pineda, Carnevalli, Pinto Salinas, Valmore Rodríguez –en Monagas Luis Alfaro Ucero-  mantuvieron viva la gesta hasta que a presión popular la tiranía de Pérez Jiménez se derrumbó. La nueva experiencia democrática fue posible por el sacrificio de muchos y los campos de concentración de Guasina y Sacupana junto a los mártires se convirtieron en símbolos de la resistencia.

Que no se equivoque la burocracia gobernante. Somos un pueblo pacífico hasta que toca entregarse valiente por una buena causa: la de democracia plena y libertad, que libramos hoy, bien que lo es.