La muerte le ganó la partida a Hugo Chávez. Combatí a Chávez desde hace mucho tiempo. Cuando en 1992 apareció por primera vez en televisión, teniendo yo apenas once años, asomándose como la faz de un golpe de Estado, supe, sin saber muy bien porqué en ese entonces, que no me gustaba el mundo militar. Desde entonces lo combatí. Hice campaña en su contra con dieciete años. Vote cuatro veces contra él en las elecciones en las que era candidato. En las cuatro perdí. Voté contra sus candidatos, contra sus propuestas constitucionales. Denuncié sus arbitrariedades como abogado de la Mesa de la Unidad. Combatí a Hugo Chávez y, aunque lo respeto como persona, así como a su familia, amigos y seguidores, seguiré combatiendo sus ideas equivocadas.

Y una de las razones fundamentales de mi oposición al ex presidente Chávez, era justamente su cercanía y cohabitación con lo militar, con lo peor del mundo militar. Declaraciones fascistas de sus militares, sus amistades con Fidel Castro o Mammud Ahdmanideyah, la compra sin fin de armas por parte del gobierno, su eterna amenaza militar contra sectores civiles. Esas cosas fueron suficientes, aunque no las únicas, para alejarme de Hugo Chávez.

Su fallecimiento, insisto, lamentable desde mi condición de humanista, trajo consigo la asunción al poder de un civil. No voy a caer en la tonta e inútil discusión de si se cumple o no la Constitucion con la llegada de Nicolás Maduro a la presidencia de manera encargada. Soy sincero, a pesar de mi condicion de abogado, no me interesa esa discusión, porque este problema es político y no jurídico, porque el chavismo tiene catorce años pisando la Constitución, y a fin y al cabo, no podemos convertir la campaña electoral que se nos viene en un aula de clases de derecho constitucional, por que la gente no nos entenderá y votará por el chavismo. El punto es que al fallecer Hugo Chávez, asumió la presidencia Nicolás Maduro, un civil.

Pues resulta que este civil, en tres días, nos resultó tan o más militarista que el ex presidente Chávez. La primera decisión fue velar al difunto en la Academia Militar y no en el Salón Elíptico del Palacio Federal Legislativo, como corresponde por formalidades gubernamentales. Podrían alegarme que se utilizó la Academia Militar por razones de espacio físico, y podría hasta aceptar ese razonamiento, pero ahí hay un mensaje militar.

Luego, el día viernes 7 de marzo, la Junta Directiva de la Asamblea Nacional convoca a una sesión extraordinaria para juramentar a Maduro como presidente encargado. Pero, oh sorpresa, la convocatoria señala que la sesión no se realizará en la sede de la Asamblea Nacional, sino en la Escuela de Formación de Oficiales de la Guardia Nacional (EFOFAC) en Fuerte Tiuna. El gobierno liderado por Maduro no se había juramentado y ya estaba ordenando hacer un acto eminentemente civil en un recinto militar. Usted dirá ¿y cuál es el problema mijo? Pues se mandaba un nuevo mensaje al país: Venezuela se convierte en este momento, de manera definitiva, en un cuartel. Por suerte, quizás gracias a la denuncia de los diputados de la MUD, la sesión terminó realizandose en la Asamblea Nacional.

No es poca cosa que Maduro pretenda convertir a Venezuela en un cuartel. Ello implica que todos los venezolanos somos cadetes, que nos debemos limitar a cumplir órdenes sin la posibilidad de contrariarlas, sin preguntar porqué. En la Fuerza Armada o se cumplen las órdenes o se castiga. Ese mundo militar obliga a la rendición ante el superior. El gobierno castigador no solo es permitido sino que es necesario en un Estado militarista. Si usted se equivoca, Maduro ordenará castigarlo, si usted no está de acuerdo, el militar Maduro podría ordenar meterle un arresto disciplinario. Si usted incumple una orden, el pensamiento militarista lo llevará ante un Consejo de Orden y le sancionará.

Maduro se escuda en los militares, en especial en el impresentable ministro de la Defensa. Se rodea de militares para dar a nuestra sociedad la misma imagen de aquella foto de Pinochet rodeado de sus gorilas para sembrar miedo en la población chilena. Aquí se intenta hacer lo mismo.

 

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD