Todo buen político debe saber leer unos resultados electorales. Cada elección es una carta de vuelo para los que se dedican a servir al pueblo. Si subes o bajas tu votación, si la abstención aumentó, si tu opción contraria estuvo lejos, si tu tarjeta electoral no obtuvo resultados positivos… toda elección es una lección. De cada proceso electoral un buen político debe aprender para entender a sus electores. Claro, estoy hablando de lo que harían los buenos políticos.

Nicolás Maduro no entendió nada de lo que pasó en Venezuela el 14 de abril. Por su actuación en los últimos días, queda claro que no ha sabido leer el terremoto político que aquí ocurrió. La realidad es que el país le dio la espalda al oficialismo. El pueblo mandó un mensaje claro: no queremos seguir con la política que Maduro y sus amigos nos ofrecen. Por ello, el madurismo botó a la basura un millón de votos que le había dejado el fallecido ex presidente. Sin entrar en el tema de la credibilidad o no de los resultados electorales, la paliza que recibió el oficialismo fue de antología.

Maduro, a pesar de esto, actúa como si nada hubiese pasado, como si hubiese ganado por millones de votos. El tipo decide mantener la política de confrontación y ruptura del pueblo, ofendiendo a la mitad del país. Manda a sus ministros a amenazar a Capriles con cárcel sin proceso previo, y envía a la esbirra Luisa Ortega a darle un maquillaje legal a tamaño absurdo.

Una de las cosas que parece no haber visto Maduro es que la tarjeta de la MUD sacó casi millón y medio de votos por encima de la tarjeta del PSUV. Es decir, que la oposición es, claramente, la primera fuerza política de Venezuela. Pero, además de ello, no ha caído en cuenta el actual presidente que si no fuese por sus partidos asociados, hubiese perdido de manera arrolladora. Y sin embargo, no fue capaz de nombrar como ministro a un solo militante de esos partidos que lo llevaron a tener un poquitico más de votos que Capriles. Maduro no se da cuenta que el PSUV fue completamente ineficiente en estas elecciones.

Por otra parte, el presidente decide irse a Cuba, a tomarse fotos con Raul Castro como si nada hubiese pasado aquí. La verdad es que el país ya ha hablado: basta del entreguismo al régimen cubano. El pueblo venezolano está obstinado de seguir regalando nuestro dinero y nuestra soberanía a los Castro. Eso se lee claramente de los resultados electorales.

Además de eso, Maduro manda a su esbirro mayor, al presidente de la Asamblea Nacional, a actuar de la manera más obscena posible, como actuaban los gorilas argentinos o paraguayos en las terribles dictaduras militares. Si usted no se arrodilla, no solo no le dejo hablar sino que no le pago, y me sabe a aquello si sus electores no son representados.

Maduro demuestra su clara incapacidad de leer al país de manera debida cuando no entiende que desperdició un capital político impresionante. Un millón de votos se pasaron a la oposición en seis meses, como dijimos antes. Pues resulta que el presidente da como explicación que: “algunos camaradas se equivocaron” ¡Pero hermano, aquí nadie se equivocó, votaron en tu contra! Hay que ser como dice la canción de Shakira para hacerse la vista gorda ante el hecho evidente que un gentío que antes votaba por Chávez ahora vota por la oposición.

Giovanni Sartori señala que el politólogo que analiza un caso en particular debe tener presente el contexto general, o cuando menos debería tener presente otros casos, de otro modo su análisis del caso particular resultará desubicado. Y esto es correcto. El 14 de abril debe leerse comparando lo que había pasado antes en Venezuela. Hasta José Vicente Rangel, el rey de la retórica, tuvo que aceptar el liderazgo de la oposición. Solo Maduro cree que la gente “se equivocó”. Que irrespetuoso este señor.

No entiende nada el presidente Maduro. Quizás no quiere entenderlo. No quiere saber que la victoria de la oposición fue rotunda y la derrota del oficialismo fue profunda.

Por el bien del país, ojalá empiece a entender.

Manuel Rojas Pérez

Responsable nacional de Capacitación y Doctrina de AD