La verdad triunfa por sí misma,

la mentira necesita siempre complicidad

Epicteto de Frigia

 Manuel Rojas PerezHay una frase que funciona para describir cuando una verdad es abrumadora y golpea a quien no le conviene que los demás la sepan. La verdad desnuda refleja una realidad que a algunos incomoda, no a todos gusta, pero es lo que ocurre en la vida real y es imposible escapar de ella. Cuando se utiliza esta frase de deja por sentado que se está diciendo una verdad irrefutable.

Esta semana con un desnudo se terminó de desnudar el gobierno de Nicolás Maduro. Los colectivos paramilitares financiados y armados por el Ejecutivo Nacional tomaron la sede de la Universidad Central de Venezuela, en medio de una protesta absolutamente pacífica del Movimiento Estudiantil y, además de sacar abiertamente armas de fuego, tomaron como rehén a un joven manifestante y, no conforme con haberlo retenido injusta e ilegalmente, procedieron a vejarlo -como en la peor de las dictaduras, como hacía Pedro Estada y los otros esbirros de Pérez Jiménez, hay que decirlo- decidieron desnudarlo.

La foto del joven desnudo, que ha recorrido el mundo, como dije, ha terminado de desnudar a un gobierno fascista, represor, abiertamente violatorio de los derechos humanos y definitivamente contrario a los intereses de los venezolanos.

¿Qué razones hay para que unos manganzones sin otra tarea que amedrentar a los ciudadanos por órdenes del gobierno de Maduro, hayan vejado hasta el extremo a un venezolano? ¿Por qué se llega al extremo de utilizar las mismas medidas que se utilizaban en los cruentos totalitarismos de Pinochet, Stroessner, Videla o cualquier gorila de Centroamérica? ¿Qué es lo próximo que vamos a ver, estudiantes montados encima de un rin como lo hacían ese par de psicópatas que eran Pedro Estada y Marcos Pérez Jiménez?

No hay justificación, ni posibilidad de entender lo que el jueves pasado se vivió en la Universidad Central de Venezuela. Ya es duro ver a venezolanos que, en sus funciones de Guardia Nacionales y Policía Nacional atacan a sus propios paisanos disparando combas lacrimógenas y perdigones de manera directa y alevosa a apartamentos y edificios donde vive gente inocente, quizás ajenos a la protesta, ancianos, niños, mujeres embarazadas, como ha ocurrido noche tras noche en Chacao –por señalar un ejemplo que vivo diariamente-. Pero que se llegue al nivel que los colectivos paramilitares de Maduro llegaron el jueves pasado en la UCV –sin duda, con expresas instrucciones de Miraflores- es sencillamente incomprensible. No puede entenderse que se busca con estas acciones criminales.

La verdad desnuda ha desnudado al gobierno. Lo ha dejado, definitivamente, como un gobierno de la misma talla de los gobiernos más represivos de los que se tenga memoria. La reivindicación de los derechos humanos ha sido considerada uno de los grandes logros del siglo XX, un signo irrefutable de progreso y vista hacia un futuro mejor. Pero Maduro, con sus bandas armadas paramilitares, insiste en retrocedernos a las épocas más cavernícolas de nuestra historia republicana. Pareciera querer emular a Juan Vicente Gómez y no al tipo aquel que se murió en año pasado, y eso que ese fulano era bastante represivo y poco dado al talante democrático.

La violación a los derechos humanos, y lo ocurrido en la UCV con este joven del que hemos hecho comentario hoy es una clarísima violación a estos, es imprescriptible. Quiere decir que pueden pasar cincuenta años, y la justicia puede perseguir esos delitos y castigar penalmente a los culpables. También es cierto que el concepto de derechos humanos implica una violación de los mismos por parte del Estado, pero en el caso venezolano no hay ya duda alguna que los grupos irregulares vienen financiados, protegidos y aupados por el gobierno nacional, por lo que su relación con el Estado es manifiesta y, por ende, entran en el supuesto de aplicación de sanciones por menoscabo a los derechos fundamentales.

Twitter: @rojasperezm