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Un momento después se oyó un espantoso chirrido, como de una monstruosa máquina sin engrasar, ruido que procedía de la gran telepantalla situada al fondo de la habitación. Era un ruido que le hacía rechinar a uno los dientes y que ponía los pelos de punta. Había comenzado el Odio”.

George Orwell. 1984

Con una proverbial facilidad para explicar en código de novela la historia del horror bolchevique en la antigua Unión Soviética, el británico George Orwell escribió la novela 1984, describiendo una sociedad inspirada en el régimen de Stalin, donde hay un gobierno totalitario que controla cada uno de los movimientos de los ciudadanos y castiga incluso a aquellos que delinquen con el pensamiento.

Dentro del argumento de la novela, a los habitantes de Oceanía, el país imaginario de este relato, el Estado –dirigido por un dictador al que llaman el gran Hermano, algo así como el comandante supremo- les obliga a ver en una pantalla imágenes de propaganda política violenta, en las que se insta a odiar a los que llaman “el enemigo”. Diariamente el Estado de Oceanía coloca en pantalla el rostro de una figura de la oposición al que se le mancillaba desde la televisión mientras el pueblo iba creyendo tales infundios ante la avanzada diaria de propaganda política, al punto que todos los días, durante dos minutos, abucheaban y gritaban improperios contra los miembros de la alternativa al gobierno. Muchos de ellos, por cierto, como Winston Smith, el protagonista de la novela, lo hacían por temor a que el Estado totalitario tomara represalias en su contra.

Aunque pareciera el relato de la Venezuela actual, estoy hablando de una obra publicada en 1949. Suponemos que muchos de los actuales dirigentes venezolanos se leyeron esta obra y la aplican en la actualidad.

Esta semana los venezolanos tuvimos nuestra ración de odio. Por una parte se levantaron nuevas acusaciones infundadas contra miembros de la oposición, con la sola intención de colocar al pueblo en su contra. Pero el odio no terminó ahí: la Fiscal General de la República, de la manera más descarada posible –y ella es de por sí bastante cínica- aseveró ante los medios públicos que el comisario Iván Simonovis no estaba enfermo, que gozaba de buena salud y, por tanto, la medida humanitaria que sus abogados están pidiendo carecería de fundamento.

Todos los venezolanos sabemos que Iván Simonovis padece de una serie de enfermedades que lo están matando. Así como suena. Y el gobierno lo sabe, y lo sabe muy bien. Los abogados de Simonovis han demostrado una y otra vez que los informes médicos del comisario reflejan por lo menos diecinueve patologías de relevancia, que hacen procedente la medida judicial para que este venezolano vaya a continuar su condena en su hogar, junto a su familia, a medida que se mantengan las enfermedades. La Fiscalía está muy al tanto de eso. Y sin embargo, esta funcionaria del odio, la doctora Luisa Ortega Díaz, les dice a los venezolanos que el mentiroso es Simonovis.

Claramente intenta esta señora que lo venezolanos vean al comisario Simonovis como un farsante que se está inventando su grave condición médica. Busca generar odio en su contra. En la pantalla de Orwell se vio el rostro de Luisa Ortega Díaz haciendo ver a Iván Simonovis como el enemigo.

 

Por supuesto, el Poder Judicial -absolutamente arrodillado a las órdenes de Miraflores- negó la medida humanitaria, una medida que, a pesar de su nombre, no es una dádiva ni una concesión sino una obligación del juez penal cuando se cumplen los requisitos del Código Orgánico Procesal Penal. El odio se convirtió en una orden, y la orden en una sentencia de muerte para un venezolano que paga la rabia de un gobierno que sigue cobrando facturas hace mucho tiempo caducas.

 

Por cierto, como en 1984, el odio solo proviene del gobierno totalitario. A los familiares del comisario Simonovis nunca se les ha escuchado hablar con rabia, en todo caso con tristeza ante la injusticia.

 

La vida de Iván Simonovis está en las manos de Nicolás Maduro, el jefe del Poder Judicial, de la Fiscal y de todo el aparato público nacional. El será responsable de lo que suceda.

 

Twitter: @rojasperezm