Manuel Rojas Perez

 “En medio de este fenómeno vertiginosamente cambiante, la posición política que ayer parecía adelantada respecto de los acontecimientos, de pronto resulta o es vista como rezagada“.

Walter Montenegro.

Introducción a las doctrinas político económicas.

La arbitraria detención de Leopoldo López y de dos estudiantes por los hechos del 12 de febrero, a todas luces un acto absolutamente inconstitucional de un Poder Judicial entregado en cuerpo y alma a las órdenes del Poder Ejecutivo, piso a muchas personas a preguntarse sobre si el régimen de Maduro es una dictadura. Por las redes sociales y en la calle, ese cuestionamiento se convirtió en un zumbido de alto impacto ya que, según algunos, dependiendo de como se enfoque la respuesta deberá adecuarse la forma de lucha política contra el ineficaz gobierno de este bueno para nada que hace las veces de presidente de la República. Lo más grave es que esa pregunta llevaba, casi de inmediato, un ataque desmedido, injusto y sistemático contra la MUD y los líderes de la alternativa democrática.

No es fácil responder si esto es una democracia o una dictadura, especialmente porque eso supone que el fenómeno político puede verse en blancos y negros, cosa que es absolutamente incorrecto.

No es posible -como lo asoma el profesor Carrera Damas en su “Rómulo histórico”- definir rigurosamente manifestaciones socio políticas que han adquirido diferentes connotaciones según tiempos y países, según culturas y tradiciones. Lo que es considerado democracia en un sitio puede no serlo en otro.

Por ello, siguiendo la metodología de Giovanni Sartori, la pregunta «¿que es democracia?» nos lleva a establecer el contrario de democracia, lo que nos hace preguntarnos cual es el nombre de la no democracia. Las no democracias se denominan con numerosos términos: tiranía, despotismo, absolutismo, autocracia, dictadura, autoritarismo, totalitarismo…

Cualquiera de estos conceptos niegan a la democracia, bien porque se basan en un Estado que niega la libertad -como el autoritarismo-; porque buscan abarcar y permear todos los aspectos de la sociedad para lograr su control total -como el totalitarismo; bien porque las leyes son dictadas por una sola persona y no por un cuerpo legislativo colegiado -como las dictaduras-; o porque los jefes se proclaman a si mismos -como las autocracias-.

Toda esta perorata va para hacerle una pregunta al lector: ¿vale la pena pelear por un término,un nombre? Yo digo que no. Si usted piensa que esto es una dictadura y yo creo que este gobierno es de corte totalitario – como en efecto lo considero- mientras que otra persona piense que esto es una democracia porque el presidente fue electo, el resultado es el mismo, y no es otro que este gobierno simplemente no sirve. Y ante ello, se use el término que sea, siempre podremos remar al mismo punto mediante vías distintas, pero siempre con el foco puesto en un mismo punto.

Si la MUD y los partidos políticos que la conforman no dicen si esto es una dictadura, es simplemente porque lo relevante es lograr varias estrategias a la vez de lucha política contra un gobierno que hace todo lo posible por darle la peor vida posible a los venezolanos.

Las expresiones democracias o dictaduras no deben desunirnos, ya que, como dijimos antes, esas concepciones varían según los países o los momentos historico-políticos. Lo importante es juntar los diversos medios de hacer oposición y frente a un gobierno que no es tal, sino un grupo de mafiosos -como demostró el vergonzoso caso del llamado gordo Bayón- que nos tienen a la deriva.

Sí usted cree que esto es una dictadura, es válido. Lo que no es permitido, por la buena salud de la República que agoniza en las manos del madurismo, es que perdamos en foco en discusiones internas que ninguna finalidad práctica. El foco es hacer frente común a este gobierno claramente fascista. Los términos no son importantes, la unión de voluntades si lo es. Bien dijo Rómulo Betancourt que este país es de todos y hay que construirlo entre todos.

 

Twitter: @rojasperezm