buffoneNo hay nada más fácil de vender que mitos o medias verdades. Muchas veces los mensajes positivos, de progreso, de mejoras son solapados por las malas noticias o las interpretaciones de los hechos y de las individuales. Recordando al profesor Tomás Straka podemos decir que los venezolanos tenemos una nociva tendencia a la autoflagelación. Es por ello que muchos se regodean en destruir el legado de avance que hizo el país en tiempos anteriores, a banalizar los aspectos positivos que tenemos e incluso a ridiculizar los aspectos positivos de nuestra historia. Esos mismos elementos han creado una tendencia a comparar la realidad del país con la de otros “desarrollados” imponiendo parámetros distintos a nuestra realidad y, por lo tanto, incomparables con la misma. Ciertamente, desde 1830 el avance de Venezuela en todos los sentidos fue muy lento debido a la acción ultraconservadora de los gobiernos militaristas. En 1945 se produjo la Revolución de Octubre o Trienio Adeco, primer momento en el cual los civiles van al poder, aunque en paridad con los militares, que hasta la fecha habían gobernado en exclusividad y sin cortapisas. En esos 3 años de experimento cívico-militar se logró el voto femenino, de los analfabetos, la elección directa del presidente y el congreso de la república, la paridad en la repartición de ganancias petroleras entre el Estado venezolano y las transnacionales y toda una serie de planes (alfabetización, hospitales, vialidad, electrificación, irrigación, entre otros) que mejoraron notoriamente la calidad de vida de los ciudadanos en los años siguientes. El gobierno revolucionario no sólo tuvo acérrimos críticos en esos escasos 3 años, pues fue derrocado en 1948 por la mano militarista, sino posteriormente, pues se creó un mito en torno a la dictadura que duró hasta 1958, beneficiando específicamente a Marcos Pérez Jiménez al venderlo como un gobernante progresista, cuando en realidad fue un tirano que no respetó los derechos humanos de sus adversarios, descuidó el campo social al extremo y llevó a cabo algunas de las obras planificadas en el gobierno octubrista (y algunas otras como la Ciudad Universitaria de Caracas, prevista en la gestión de Medina Angarita), principalmente en la capital de la república, pero descuidando el resto del país. A partir de 1958 y con derrocamiento del régimen perezjimenista debido a un movimiento cívico-militar, se inició el único período de gobierno civil en nuestro país, el cual duró hasta 1998. En esos 41 años de preeminencia civil y gobiernos democráticos se produjo el mayor avance social, político, económico e infraestructural. Sin embargo, los responsables de la antipolítica decían que todo iba mal o muy lento, que había otra manera de hacer las cosas y ponían a la dictadura de Pérez Jiménez como el ejemplo a seguir. A través de campañas mediáticas se difundió cualquier cantidad de mensajes negativos en contra de la democracia civil. También se utilizaron estos mecanismos para extorsionar a los gobiernos de turno y así obtener prebendas. Se emplearon medios muy refinados como canciones, películas y hasta telenovelas, una de las cuales se convirtió en objeto de culto, en emblema de la antipolítica venezolana, Por estas calles (1992-1994). Allí se potenció el estereotipo de una clase política corrupta e ineficaz dejando de lado que la electricidad que se usaba para producir, transmitir y ver la telenovela era producto del esfuerzo de la democracia en expandir la red energética nacional. Ahora bien, ¿Quiénes estaban detrás de esa conspiración? En principio, tres sectores: parte de la burguesía; la derecha militarista y nostálgica, algunos de cuyos miembros tenían viejos rencores con políticos democráticos y por último, la izquierda marxista derrotada en el combate a las guerrillas de los años 60. Esta tríada conformó un aquelarre que terminó por venderle a los venezolanos que era necesario acabar con aquel estado de cosas y cuando sobrevino el 4 de febrero de 1992 el terreno estaba abonado para hacer implosión al sistema democrático, sólo faltaba el hombre providencial y ese día surgió: Hugo Chávez a quien vendieron como el “salvador de la patria”. La antipolítica nos publicitó a Chávez como un hombre joven y sin ataduras con el pasado. Citando al dramaturgo irlandés Oscar Wilde “Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad” y por ello, la mayoría de los venezolanos cayó en tal sutil trampa, preparada pacientemente con años de repetir incesantemente verdades, medias verdades y falsedades. Ya sabemos el resultado, un gobierno que nos empujó al pasado ya superado del militarismo, reflejado hasta en el lenguaje empleado (misiones, unidades de batalla, Comando Táctico Nacional). La antipolítica lo buscó y lo consiguió y hoy en día existe en aquellos que buscan la violencia y ven en los llamados de paz un signo de debilidad y entrega ¿Volveremos a caer en la misma trampa?

Twitter: @mariobuffonel 

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