El 31 de julio de 2012 Venezuela entrará al Mercado Común del Sur (Mercosur), una organización regional creada el 26 de marzo de 1991 con la firma del Tratado de Asunción (Paraguay) a fin de permitir: “…La libre circulación de bienes, servicios y factores productivos entre países, el establecimiento de un arancel externo común y la adopción de una política comercial común, la coordinación de políticas macroeconómicas y sectoriales entre los Estados partes y la armonización de las legislaciones para lograr el fortalecimiento del proceso de integración… (art. 1, sic)”.

Larga y ansiada aspiración latinoamericana: la integración y el desarrollo regional y sub-regional son casi tan antiguos como los movimientos independentistas criollos surgidos dos siglos atrás. Sin embargo, no fue sino durante la segunda mitad del siglo XX que los esfuerzos continuados y permanentes de los sucesivos gobiernos venezolanos se orientaron a permitir, la integración andina, primero ¬desmontada por el actual gobierno¬ y la suramericana, con el ingreso nacional al Mercosur.

La paradoja está en que tan cotizado deseo se logra tras la salida o sanción temporal de Paraguay, país signatario y fundador del acuerdo integracionista del Sur. Una singularidad más a las historias construidas por los procesos políticos de los nuevos reacomodos del capital de principios del siglo XXI.

Me refiero a los reacomodos del capital pues, a juicio de quien escribe, el modelo de acumulación capitalista de estos años ¬al menos en Venezuela¬ es sólo comparable al ocurrido tras las concesiones petroleras de principios del siglo XX venezolano. La asociación: acumulación-capitalistacorrupción, no está muy distante de la ya ocurrida en la referida época.

Pero, lo importante es cómo podremos utilizar en beneficio del crecimiento y desarrollo nacional esta oportunidad, más allá del fondo de apoyo a las empresas que “deseen exportar” al Mercosur ofrecido por el Ejecutivo Nacional. Sin diálogo Ejecutivo-FedecámarasConindustria más allá de la política cotidiana, buscando el bienestar nacional, aprovechando nuestro ingreso al Mercosur para elevar las tasas de empleo, el crecimiento y consolidación de los capitales locales, el mejoramiento y diversificación de los productos locales, la disminución del índice de precios nacional en pro de los sectores menos favorecidos, constituye, lejos de una oportunidad, un escollo a superar que hará de los venideros años una dificultad mayor y más penosa, sin permitir la independencia económica que tanto se pregona en los “eslogans” gubernamentales. Año electoral, esperanzas que surgen, caminos que se abren.

Mercosur: acierto o frustración, queda a nuestros líderes políticos y gremiales la palabra y la acción.

 

Rafael Martínez Nestares

Doctor en Ciencia Económica