El fallecimiento del Presidente Chávez, acaecido oficialmente el 5 de marzo de 2013, nos hace revisar las páginas de la historia reciente de Venezuela. Páginas llenas de irrespeto hacia el otro, hacia el contrario –con una marcada estrategia de oposición/gobierno, ricos/pobres, oligarcas/pueblo. El discurso político venezolano se convirtió en un conjunto de amenazas, insultos, descalificaciones, etc. Desde la figura presidencial, a través de sus cadenas o en sus alocuciones televisivas, profería constantes ataques e improperios contra quienes no estaban con el régimen. Si bien es cierto, que la capacidad discursiva del presidente Chávez le conectaba con los sectores más populares del país, también es cierto que, la riqueza petrolera y su relación íntima con la Fuerza Armada Nacional, le permitieron estrechar lazos y construir un sólido estamento gubernamental que le permitió permanecer en el poder por 14 años.

La historia de Venezuela ha escrito sus páginas de mayor bonanza económica con la permanencia y muerte en el poder de sus mandatarios. Ya el oprobioso gobierno de Juan Vicente Gómez, quien explotó, descubrió y entregó a las transnacionales petroleras el territorio nacional, permitió su larga estadía en el poder, a pesar de las torturas y persecuciones a sus adversarios.

Los exiliados y los presos políticos de la Venezuela de hoy, son una muestra clara de la política discrecional de separar a “los míos” de los “enemigos del proceso”.

Gómez constituyó un gigantesco poder político de casi un cuarto de siglo, a principios del siglo XX. La autodenominada “revolución bolivariana” lleva 14 años en el poder, ha logrado construir en derredor suyo una nueva “burguesía” bajo el manto de las prebendas políticas, con un descaro y desenfado jamás visto en el país. El uso de fondos públicos para el financiamiento y sostenimiento de “gobiernos amigos” ha constituido una nueva e ingeniosa manera de lograr apoyos en el contexto internacional. Esperemos que, con respeto, tras la desaparición física del presidente Chávez, seamos todos capaces de re-evaluar la realidad nacional y nos volquemos a construir una Venezuela, mejor y más justa. Y, con ese mismo respeto que muchas veces no tuvimos por parte de quienes ejercían el gobierno de turno, nos reencontremos en el amor, para poder hacer de nuestro país un lugar más seguro, ansiado para vivir por propios y extraños. Nos unimos en la oración por el eterno descanso, por la tranquilidad y sosiego de sus familiares y adeptos. De igual forma, rogamos a la Patrona de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto, por esta tierra de Gracia.

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com 9-3-13