El 14 de abril de 1912 se hundió el Titanic; que casualidad, presidente Maduro. El 14 de abril, Venezuela sufrió uno de los reveses políticos más graves de su historia democrática moderna: hubo fraude electoral, como cantara el ex candidato presidencial, actual gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski.

Ciertamente, Venezuela es y ha sido “tierra de esperanza”; nuestras bellezas naturales, nuestra riqueza petrolera y minera, y; sobre todo, la sencillez, alegría y solidaridad de nuestro gentilicio se han visto a prueba durante los casi 15 años del oprobioso régimen de la “robolución bonita”, pero tampoco tu espacio de gobierno, estos días en que la “construcción jurídica” del Tribunal Supremo de Justicia -vía la “continuidad administrativa”- permitieron tu encargaduría en ausencia de Chávez, y tu postulación a la primera magistratura. Está  a tiempo presidente Maduro. La historia, si bien no es una línea recta y ascendente, depende de los actores políticos que están al frente de cada momento histórico. En nuestra patria, hombres de la talla de Rómulo Betancourt, de Rómulo Gallegos, de Gonzalo Barrios, de Raúl Leoni,  de Juan Pablo Pérez Alfonzo, de Carlos Andrés Pérez supieron estar a la altura de los momentos históricos que les correspondió vivir. Betancourt asumió -en visión resumida- la construcción de la organización política más grande e importante de Latinoamérica -Acción Democrática- y, la no reelección presidencial como muestra del desprendimiento político y del sentido colectivo -vía las organizaciones políticas- de la conducción de los destinos sociales, políticos y económicos de la patria; todo lo contrario al MVR y al PSUV, organizaciones políticas de carácter clientelar montadas tras la figura de un “Caudillo Comandante”, tras cuya fotografía, aún se esconden los funcionarios públicos con inconfesables propósitos. Gonzalo Barrios, además de perseguido por el régimen perezjimenista, cuando le tocó ser candidato presidencial, supo aun por menos de treinta mil votos, desistir de ser presidente de Venezuela y ordenó a su partido AD, y al presidente Leoni, entregar el gobierno nacional al partido Copei, en la persona de Rafael Caldera, produciéndose la primera transmisión de mando entre partidos políticos en la historia del país. A Rómulo Gallegos, le tocó ser el primer venezolano del siglo XX, en recibir la banda presidencial, sí Nicolás, el primer civil, igual que tú. Eres, Nicolás Maduro, el primer civil en recibir la banda presidencial por votación popular en el siglo XXI -al margen del fraude electoral cantado. Gallegos le pidió al pueblo de Venezuela -en mensaje radial antes de su exilio tras el fraude electoral perpetrado contra él, en 1947: “…pueblo de Venezuela, yo he hecho mi parte, ahora te toca hacer la tuya, no dejándote arrebatar lo que libremente te impusiste tras el voto popular…”. Todavía en la mente y en el corazón de los venezolanos, retumban las palabras del presidente civil, escritor, político, invitándoles, exhortándoles a exigir con fuerza el respeto a la voluntad popular ejercida tras el voto.

Pérez Alfonzo, “Padre de la OPEP”, no funda el “cartel de los productores” como les llamaría “el imperio” como un club para apoyar a los gobiernos de turno, sino como un organismo de regulación del mercado petrolero -en precios y volúmenes de producción. No es Unasur o el ALBA de los pueblos, Nicolás. La nacionalización del hierro y el petróleo; las becas de Fundayacucho, la Fundación de Niño, la creación de las universidadeseExperimentales no son un mero acto administrativo populista ni una estrategia publicitaria para “vender una idea de familia y pareja presidencial” constituida. Queda mucho, Nicolás. Recuerdo una frase del ex presidente Lusinchi: “…no me dejen ser un pobre poderoso solitario, incapaz de escuchar en la cima, la voz sabia del común…”. No dejes de oír, incluso al adversario. Tocan años duros para Venezuela, la Conferencia Episcopal te ha ofrecido una mano para el diálogo y el entendimiento entre la sociedad venezolana, y el poderoso “Gobierno solitario”. ¡No permitas que en tus manos, se hunda el Titanic llamado Venezuela!

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com