“Abran comillas”. Las medidas que lanzó Nicolás en los ya acostumbrados cuentos sin memoria, fueron absolutamente políticas. Las que anunció Ramírez con el mayor cinismo del planeta, fueron de corte económico. La  mejor manera de leer al gobierno, es proyectar exactamente lo contrario a lo que dice. Maduro efectuó unos cambios por aquí, unos enroques por allá, y dijo que el 6,30 se iba a mantener burlándose una vez más de los suyos. Luego tuvo un encuentro de ultratumba con Chávez, y éste le aconsejó que mandara a Rafael a anunciar solapadamente lo que tanto temen: devaluación. La misma novela y el mismo guión, pero con diferentes actores. Ya sabemos el final: Más inflación y escasez, y el llanto en cadena esgrimiendo que la culpa es de la derecha pelucona,  mercachifle, burguesa y parasitaria.

Las palabras mágicas son “aumento de precios” y “devaluación de la moneda”. Los eufemismos utilizados por el gobierno son: “adecuación de precios hacia arriba” y “tipo de cambio dual”. El pote de humo de Nicolás al cual me referí en mi último artículo de diciembre ya cumplió su cometido, y las correcciones macroeconómicas están en marcha, pero bajo el manto de la no muy fina retórica del gabinete económico. CADIVI fue eliminado, y les dio por crear el Centro Nacional de Comercio Exterior. Han sustituido una estructura corrupta e ineficiente, por una súper-estructura que absorbe la primera y será aún más discrecional, entendiendo por “discrecional”, el poder que tienen las autoridades para decidir cuánto y a quiénes asignar divisas con preferencia descarada hacia los rojitos, con el añadido de que ahora, hechos los pendejos, están añadiéndole más funciones al SICAD de las que tenía en sus inicios. Si hoy compré a 6,30 y mañana lo hago a 11,30 o más, no es una devaluación sino una maxi-devaluación –implícita, porque no tienen las esféricas para decirlo sin ambages- cuyas consecuencias vamos a pagar toditos menos los boliburgueses, desde luego.

El tipo de cambio a 6,30 es solamente un sueño húmedo de Nicolás. Con un déficit fiscal nauseabundo y vergonzoso de 15 puntos, y PDVSA debiéndole al BCV hasta el modo de caminar, la única vía que les queda es seguir imprimiendo billetes para financiarse. En 2013 la expansión monetaria fue superior a los 60 puntos: Para 2014 no podemos esperar menos de eso, así como tampoco podemos esperar una inflación moderada, aunque la nueva directiva del ente emisor –presidida por el nefasto mago Merentes- se empeñe en elaborar informes de antología como el presentado a finales de 2013, siendo el mayor ridículo de Banco Central alguno en la historia. Si antes quería sacar dólares de su sombrero podrido, ahora quizás pretenda sacar cifras decentes de inflación. No importa: el mejor indicador y termómetro económico es la calle y las penurias que atraviesa la gente para adquirir, incluso, una pieza de pan. La tasa SICAD no es fija, comenzará a fluctuar más temprano que tarde “hacia arriba”, y la inflación llegará al sitio donde el diablo dejó las pantaletas.

En la verborrea de Maduro no hubo alusiones al FONDEN ni a la necesaria prudencia fiscal y monetaria, tampoco a los ingentes envíos de petróleo a los panas de siempre; ergo, el problema estructural persistirá hasta el día en que se siente un verdadero presidente en Miraflores. Se pierde demasiado tiempo estudiando cómo hacer para liquidar eficientemente divisas, cuando el asunto de fondo es cómo haremos para sustituir las importaciones por productos de factura venezolana. Durante el primer gobierno de CAP, el PIB no petrolero creció a un promedio de 10% en un lustro. ¿Qué ha hecho el chavismo en aras del crecimiento del aparato productivo? ¿Quiénes son los responsables de manejar entrada y salida de divisas? ¿Quiénes expropiaron más de 2 millones de hectáreas y ahuyentaron inversores?

 

En efecto, hay una guerra económica. La guerra es del gobierno contra la gente y la están ganando. Parece que les conviene empobrecer, a diferencia de los gobiernos adecos que crearon clase media pujante y masificaron la educación, aunque la mezquindad de los náufragos de un lado y otro no permita reconocerlo. Venezuela no es Cuba; pero anda demasiado cerca, en eso la quieren convertir para consumar irreversiblemente su proyecto de hambre y miseria.  “Cierren comillas”.

 

Danny Leguizamo