A PROTESTAR SÍ, A GUARIMBEAR NO.

Francisco Ramírez Ramos

Después de cerca de 15 días continuos de protestas en las calles de toda nuestra Venezuela, he sentido, como muchos otros amigos, compañeros y conocidos, la angustia de sentir que por más que protestemos, podríamos quedar en un punto de estancamiento, entrar pues en una espiral de violencia, cada vez peor, en la que pierdan la vida más compañeros estudiantes.

Fue en noviembre pasado cuando obtuve mi título de abogado en la UCV, en dónde toda mi carrera participé activamente en el movimiento estudiantil, así que, yo salgo a luchar, como un estudiante más, siempre que mis compromisos laborales, como joven profesional, me lo permiten.

Quiero compartir algunas ideas sobre cómo entiendo la situación actual del país, que espero aporten al debate sobre el camino que debemos seguir. Estas ideas son:

  1. No estamos en una democracia. Que haya elecciones no es garantía de democracia y eso ya lo sabemos. Pero el hecho de que no estemos en una democracia no puede hacer que perdamos nuestro propio talante democrático, ya que estaríamos preparando el terreno para que la democracia, en vez de ser rescatada, termine de irse por el caño.
  2. La situación general del país nos obliga, nos demanda, salir a protestar, a hacer presión al régimen para que use el poder que tiene, ilegítima pero legalmente, para mejorar nuestra calidad de vida.
  3. Pero la protesta no puede ser sólo un ejercicio de catarsis y drenaje visceral de rabias y frustraciones acumuladas. Debe ser un medio para lograr un objetivo viable que, lamentablemente para muchos, no es que Maduro renuncie a la presidencia de la República. Veámoslo así: si estamos convencidos de que nos robaron las elecciones, ¿qué nos hace pensar que van a renunciar? Si es que este régimen delincuente depende del poder para no tener que responder por todos los crímenes que ha cometido.
  4. Y entonces… ¿qué hacer? ¿cruzarnos de brazos? NO. Primero, debemos entender que, como en la historia de David y Goliat, no estamos en igualdad de fuerzas con el gobierno y sus colectivos, no estamos armados, no estamos drogados, no compartimos el odio que ellos sienten por cualquiera que piensa distinto a ellos. Así que nos toca jugar inteligente, a la astucia y no a la fuerza, cosa que sólo podremos hacer cuando entendamos que no hay piedras o bombas molotov que le ganen a una Kalashnikov o a una UZI.
  5. Vamos… ¿y entonces? Entonces, tenemos que organizarnos. Hacernos una falange, olvidarnos la “estrategia” de cuatro personas indefensas quemando tres cauchos en su calle. Vamos a mantenernos en la calle, sí, pero de forma pacífica, multitudinaria, y con exigencias y demandas firmes y claras, que de no ser cumplidas, pues no saldremos de la protesta, multitudinaria y pacífica.
  6.  ¿Cuáles son esas demandas? Bien, en principio, se me ocurren estas, sin que sean las únicas válidas:
    1. Liberación inmediata de todos los compañeros que han sido apresados por manifestar, y el cese de la persecución judicial de la disidencia.
    2. Cese inmediato de las prácticas represivas violatorias de los Derechos Humanos, tales como el uso de armas de fuego, de gases tóxicos, de perdigones, etcétera.
    3. Enjuiciamiento inmediato de todos los funcionarios que han cometido tales violaciones a los DDHH, y de los superiores que les dieron la orden.
    4. Desarticulación y desarme de todos los colectivos paramilitares afectos al gobierno. Y su enjuiciamiento por el porte ilegal de armas de guerra, y cualquier otro delito del que sean responsables.
    5. Destitución y enjuiciamiento, por omisión en el cumplimiento de sus funciones, de la señora Defensora del Pueblo. Destitución y enjuiciamiento, por el incumplimiento del mandato legal de objetividad en su actividad, de la señora Fiscal General de la República.
    6. Creación de mesas de diálogo, tendientes a la elección de nuevos rectores del CNE, de nuevo Contralor de la República, y de nuevos Magistrados de Tribunal Supremo de Justicia, elección que debe hacerse de manera legal y legítima, sin sesgos partidistas, sino basados en los méritos que la ley demanda.
    7. Creación de mesas de diálogo con los distintos sectores de la vida nacional: representantes estudiantiles, magisterio, gremios, sindicatos y representantes políticos. Reconocimiento de la disidencia y respeto a sus investiduras políticas. No más estructuras paralelas cuando las organizaciones no responden a los objetivos políticos del PSUV.

Hasta que el gobierno nacional no tome tales acciones, posiblemente con ayuda de mediadores internacionales, no debemos abandonar la calle, pero, de nuevo, calle sin organización es suicidio.

Vamos a escuchar a los líderes que nos llaman a la mesura, paz y organización. El gobierno puede justificar que reprima a quienes destruyen propiedad pública y privada, pero jamás podrá justificar que reprima a quienes de forma pacífica protestamos, de forma contundente y constante.

Así nos lo ha pedido la UNIDAD DEMOCRÁTICA, RAMÓN GUILLERMO AVELEDO, LEOPOLDO LÓPEZ, HENRIQUE CAPRILES, MARÍA CORINA MACHADO, HENRY RAMOS ALLUP, y todos nuestros líderes políticos, sin los cuales, no habríamos podido lograr los avances que como oposición hemos conseguido.

Recordemos que cuando decidimos, como sociedad, no escuchar a nadie distinto a nuestras propias frustraciones, exigimos abstenernos de las elecciones parlamentarias de 2005, hicimos un firmazo que dio pie a las listas tascón y maisanta, fuimos desunidos a las presidenciales de 2006, paralizamos el país, con consecuencias catastróficas como la barrida de PDVSA, y muchos apoyaron la dictadura momentánea de Pedro Carmona Estanga.

En cambio, cuando comenzamos a organizarnos y a confiar en el liderazgo político, ganamos en votación en las parlamentarias de 2010, conseguimos gobernaciones y alcaldías, concejales, logramos las primarias y tener un candidato  presidencial de UNIDAD. La historia nos muestra que cuando actuamos con organización y mesura nos va mejor.

La paz no es cobardía, porque no fue Gandhi un cobarde, y logró, nada más y nada menos, que la independencia de India del Imperio Británico.

Francisco Ramírez Ramos

Abogado

Juventud de Acción Democrática