Cabrera Infante acusa desde el más allá

aebolivar630sep12
Antonio Ecarri Bolívar
Vicepresidente Nacional de Acción Democrática

“Los escritores nunca resultan simpáticos a los dictadores: son dolorosas espinas clavadas en las espaldas, porque el poder es como una droga y emborracharse de historia puede ser su efecto peor”.
José María Heredia: poeta cubano muerto en el exilio…como casi todos.

Acabo de terminar de leer el libro póstumo, Mapa dibujado por un espía, de ese gigante de las letras, cubano y universal, que fue Guillermo Cabrera Infante, conocido también por su seudónimo-apócope de Caín; dado a conocer este nuevo testimonio, después de muchas cavilaciones, por su compañera inseparable, hoy viuda, Miriam Gómez. Libro que me trajo de su último viaje Ricardo Bello, el amigo mejor lector que tengo.

Debe haber cavilado mucho Miriam para publicar un libro, a estas alturas, que es una crónica escrita por “Caín” mientras visitó La Habana, por la muerte de su madre en 1964, mientras mantenía el cargo de Agregado Cultural de Cuba en Bélgica: una especie de exilio dorado impuesto por el régimen después de haber ordenado el cierre de “Lunes de Revolución”, el suplemento que él dirigía y donde se criticaba, en aquella lejana época del comienzo de la revolución, el inicio de sus desviaciones totalitarias. Una especie de “Aporrea” de por estos pagos, pero escrito allá por lo más granado de la intelectualidad de América Latina y Cuba. Baste mencionar que, por ejemplo, Carlos Fuentes fue el encargado del número dedicado a México y Juan Goytisolo del consagrado a la literatura española en el exilio. Entre los cubanos que participaron en el suplemento cabe destacar a Antón Arrufat, Edmundo Desnoes, Pablo Armando Fernández, Oscar Hurtado, Lisandro Otero y Virgilio Piñera, entre otros portentos, mencionados en la crónica.

Decía que la viuda debe haber dudado en su publicación, por las sinceras confesiones de infidelidades cometidas por Cabrera en los cuatro largos meses que tuvo que permanecer en Cuba contra su voluntad, que era su manera, a la cubana, de apaciguar el “stress” de la incertidumbre, por el limbo a que estuvo sometido. Guillermo quiso, a pesar del dolor que sabía le iba a causar a Miriam, dejar un testimonio de la génesis de la frustración de sus ideales de primera mano, sincero, de la verdad verdadera, del triste y melancólico rumbo de una revolución traicionada, desde sus orígenes, por sus padres fundadores.

Guillermo Cabrera, además de intelectual de izquierda hasta su muerte, era hijo de comunistas, de extracción proletaria. No olvidemos que su libro sobre cine (no he conocido a alguien que sepa más del séptimo arte que este cubano genial) lo llamó Cine o Sardina, para relievar la triste anécdota, según la cual, su madre – antes de la revolución, debido a su indigente situación económica por su militancia comunista – les preguntaba a sus niños, qué preferían: ¿comer sardina o ir al cine? A lo que Guillermo nunca dudo preferir el espectáculo audiovisual, antes que el alimento cotidiano. Obviamente eso no lo ubica, ni siquiera, en la acera de la clase media y su característico “pensamiento pequeño burgués”.

Este libro es, a no dudarlo, la historia de una gran frustración, del desengaño desgarrador para un joven intelectual proletario y comunista al ver su utopía convertida en un Estado Policial, de delación permanente, en traición de padres a hijos y viceversa, de hermanos entre sí, de amigos de infancia quienes, para sobrevivir, eran capaces de las más deleznables traiciones y “confesiones”.
Cabrera narra, en esa estupenda crónica, las vicisitudes que tuvo que soportar, pero donde adquiere mayor fuerza su denuncia, ya más holística sobre el comunismo, es cuando confiesa posteriormente refiriéndose a esta misma época, pero en su libro Mea Cuba, lo que sería parte de sus sufrimientos posteriores: “Sé de otros riesgos. Sé que acabo de apretar el timbre que hace funcionar la Extraordinaria y Eficaz Máquina de Fabricar Calumnias: conozco algunos de los que en el pasado sufrieron sus efectos: Trotski, Gide, Koestler, Orwell, Slone, Richard Wright, Milosz y una enorme lista de nombres que, si se hacen cada vez menos importantes puede terminar en Valeri Tarsis”.

En Venezuela, en pleno siglo XXI, estamos ante la amenaza de calcar la política del régimen cubano de sus inicios, cuando de esa época ni los Castro se quieren recordar. Maduro parece no terminar de comprender, que así La Piedrita chantajee desde la izquierda y Diosdado aceche desde el otro extremo, debe voltear esta tortilla antes que la cocina le explote y, la utopía frustrada de Cabrera y los cubanos, llegue aquí convertida en una distopía que sumerja a Venezuela en una copia malhadada de esa vergüenza mundial denunciada, hasta desde el más allá, por Guillermo Cabrera Infante y ahora por nosotros, desde el más acá, quienes también la defendimos en sus inicios, pero que ahora debemos llegar a la conclusión irreversible, después de ver tanto dolor causado a tantos, que no hay ideología que justifique condenar a toda una sociedad a semejante vejamen colectivo durante 56 largos años.

aecarrib@gmail.com

@EcarriB