¿Conferencia de paz?

 

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RAFAEL MARTÍNEZ NESTARES |  EL UNIVERSAL
Con profunda preocupación vimos el miércoles pasado que, el Ejecutivo nacional decidió convocar a los venezolanos a una “Conferencia de Paz”. Realmente que, el poco usual nombre asignado a la actividad nos retrotraía a las reuniones en el Medio Oriente, por las luchas inter-pueblos tras los innumerables escarceos, guerras de guerrillas, asaltos a civiles por mencionar algunos.El régimen venezolano ha optado por el diálogo y la reconciliación –como solicitaba desde Roma, junto a sus oraciones, el Papa Francisco. Al menos eso parece a primera vista. La presencia de Fedecamaras, la Conferencia Episcopal, y algunas personalidades del mundo político nacional, daban cuenta -aunque no sin recelo- de una disposición a empezar un camino hacia la re-construcción nacional. Es lógico que, la MUD, observe aún con desconfianza esta nueva convocatoria y, por ello, decidió no asistir de bruces al llamado. No puede haber un diálogo por la paz, si no hay un “cese al fuego” –para hablar en la jerga del desarme y demás. Mientras que se llamaba al diálogo cuerpos represivos actuaban contra estudiantes y ciudadanos desarmados en diversas partes del país.

El camino hacia la paz pasa por el reconocimiento y el perdón. Con claridad lo decía el Papa desde Roma, al referirse a su honda preocupación por Venezuela: con 15 muertos, un centenar de heridos y personas golpeadas por los cuerpos represivos del Régimen.

Por otro lado, a 25 años del Caracazo -27 y 28 de febrero de 1989- el Comité de Familiares de las Victimas (Cofavic) ha expresado: “los venezolanos han vuelto en los últimos días a ver imágenes de grupos de policías apaleando a jóvenes o de guardias nacionales disparando a diestra y siniestra hacia apartamentos; o las denuncias de que militares han disparado perdigones a quemarropa produciendo víctimas mortales  (El Universal, 27.02.2014)”.  Esto indica que el Estado no ha sido capaz de aprender y asimilar la lección del 27F. Este aprendizaje es tarea de todos.

No es aceptable la impunidad de nadie. La vida humana, así como el resto de los derechos humanos fundamentales son inalienables. Ningún gobernante, ningún funcionario o ciudadano puede imponerse sobre estos derechos. Hacerse “la vista gorda” ante los crímenes de estos días, establece un mal precedente para el país, que al parecer se ha pretendido corregir con la imputación a funcionarios por los casos de dos jóvenes fallecidos. Estas imputaciones, junto a la “Conferencia de Paz” puede ser un presagio favorable al inicio si no de un reencuentro, al menos de un reconocimiento respetuoso del otro y sus diferencias. La idea de vernos como un “nosotros” inclusivo es también un aporte al diálogo real. Mientras tengamos un aquél, un  enemigo del régimen o del proceso, no podremos tener un país mejor y más justo.

El modelo económico que se ha pretendido instaurar en Venezuela ha demostrado ser un fracaso en todas partes –mencionaba el presidente deFedecamaras. Por ello, a juicio de quien les escribe, requerimos el cese a la guerra económica si aspiramos lograr una paz cierta y duradera. Guerra constituida, por un lado, desde el régimen persiguiendo y entorpeciendo la labor productiva y comercial; por otro lado, por algunos empresarios o seudo-empresarios tratando de hacer de las oportunidades un caldo de cultivo en detrimento de los consumidores.

El camino es realmente largo. El poder del Estado es inmenso. Quería terminar esta breve reflexión recordando una frase del ex-presidente Lusinchi, estando en el gobierno: “…no me dejen ser un pobre poderoso solitario incapaz de oír en la cima, la voz sabia del común…”. Presidente Maduro, tiene la palabra.

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

@rafaelmartinezn

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