Los venezolanos iniciamos el año conmocionados. La inseguridad se convirtió en el comentario obligado de todos. Redes sociales, actos públicos y privados, trajeron al discurso y a la acción, la indignación, la impotencia, de una ciudadanía confiscada de su seguridad y tranquilidad por un régimen que, tras 15 años de oprobio, confunde ideología y corrupción con la razón fundamental de ser del gobierno y el estado: el orden público y el bien común.

Ya desde finales de 2013, con estupor y extrañeza, observamos la muerte de más de una decena de funcionarios militares a manos del hampa común. El hecho que sean uniformados, artistas o docentes universitarios junto a su madre, constituyen situaciones que mueven la fibra de la mujer y el hombre común. Común no, porque constituyan una suerte de ciudadano de cuarta categoría, sino porque suman las cifras rojas de casi 201.935 muertes violentas de venezolanos durante el período de la “revolución bonita”. Le diremos “en retruque” al diputado Cabello –quien con burla le decía a los diputados de la oposición en la instalación de la Asamblea Nacional en relación a la correlación de fuerzas en el Parlamento- “sabemos contar”. Diputado Cabello, presidente de la Honorable Asamblea Nacional, los venezolanos sabemos contar. El número de muertes violentas equivale a diez veces la cantidad de muertes por motivo de las guerras de independencia ocurridas entre 1811 – 1821, y no estamos en guerra, que sepamos. A ustedes, que les gusta sobremanera mofarse de próceres y libertadores, con fotografías y discursos altisonantes, con expresiones de elogio a quienes no tienen que ver en absoluto ni con las glorias patrias ni con la dignidad histórica de su cargo. ¿Patria? Quienes han jurado defenderla y permiten que por ideologías y pactos circunstanciales la nación pierda territorio en el Esequibo, mientras disfrutan de operativos, recursos y “misiones gubernamentales a granel” sin rendición de cuentas. Con desenfado se mueven entre el concierto de millones de dólares riéndose de un pueblo angustiado por el hampa, profundamente molesto por la entrega del suelo patrio, por la intervención extranjera cubana, y por la imposición castro-madurista de un modelo concebido para la opresión y la preservación en el poder de una casta omnipotente, por ahora.

El tamaño de la burla es inconmensurable. La juramentación de la Directiva del parlamento por los cultores populares forma parte del profundo desprecio a las instituciones; no creas –presidente de la Asamblea Nacional- que nos sentimos orgullosos por la manera desordenada del acto “protocolar” o por la manera hiriente como te referiste a los diputados del pueblo que forman parte de una bancada distinta a la tuya, no. Tampoco creas que, porque en cadena nacional eras juramentado por hombres del pueblo, hacías al Parlamento más cercano al ciudadano. Esa es la misma burla sostenida con la contraloría social, una suerte de entelequia construida para hacer millonarios a los “capitostes” del régimen.

¿Cuántos de los “encumbrados” del régimen pierden sus vidas o bienes a manos del hampa? Las cifras parece que no constan en el INE, ni en los cuerpos policiales correspondientes, ni en las “declaraciones juradas de Contraloría”; ni sus cuerpos pasan por las morgues del país tras el dolor de viudas y huérfanos. Sólo en 2013 partieron por la violencia 24.763 ciudadanos en todo el país. Planes, programas… seguridad… ¿para quienes? Hacemos votos para que la expresión de profunda sensibilidad del presidente Maduro por los hechos violentos y los asesinatos, más sus reuniones con todos los gobernadores –sin distinción- produzcan el fruto de construir un país que camine hacia la paz y el progreso.

Publicado en: El Universal, 11.01.2014
El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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