Pax tecum, es una frase latina que significa “la paz sea contigo”. Es una expresión que nos mueve a la reflexión a todos, pues, desear la paz, es un estado cristiano de excelso valor humano. La paz es de suyo, la aspiración humana más elevada, más en estas sociedades cargadas de odio, de revancha, de corrupción, de exclusión, de desamor… La reconciliación nacional, el reencuentro entre los venezolanos es tarea de todos.

Vivimos momentos difíciles en extremo: la escasez de productos y de divisas, la destrucción sistemática del aparato productivo nacional y del empleo; la destrucción del valor del trabajo, mediante políticas de amparo sin criterio ni respaldo al trabajo como valor humano y no al “reposo” y la “viveza” como expresiones del éxito social y del mejoramiento del “status” en la sociedad.

El discurso y la praxis política de catorce años de desgobierno en contra del incipiente aparato productivo nacional ha construido una realidad local imposibilitada de competir con las oportunidades creadas en Mercosur, el ALBA de los pueblos, por decir un par de las iniciativas recientes. Esto lo que ha logrado es colocar al Estado venezolano como exportador del único producto competitivo y en ventaja que tenemos, en demérito del resto de la producción local, contribuyendo a la estrategia de destrucción del aparato productivo privado nacional, en beneficio del Estado y en especial de una conducta gubernamental de escaso éxito económico, demostrado por los valores de la inflación mensual –de dos dígitos sostenido– y, en consecuencia, el deterioro del poder adquisitivo como resultado de los bajos niveles salariales del “proletariado” nacional –por usar la terminología marxista del régimen.

Estamos, por ende, frente a una grave crisis económica y social, derivada de la consecuente y deliberada actitud del Ejecutivo que, durante 14 años, ha venido “golpeando” y “agrediendo” verbal y obstinadamente al sector comercial e industrial nacional. La lucha de clases –discurso decimonónico de uso frecuente del finado “líder de la revolución”– se ha traducido en la destrucción del incipiente aparato productivo y de las redes de comercialización, en beneficio de las importaciones indiscriminadas, y de la caída de las reservas internacionales así como de la disponibilidad de divisas para cumplir con el abastecimiento local y satisfacer las ingentes necesidades de una población que crece a la sombra de un modelo clientelar y rentista, justificado por un grupo político incapacitado por la historia y la acción de solventar en forma estructural y permanente el desarrollo de Venezuela.

La cercanía del ministro Merentes al sector privado como afirma por los medios de comunicación, y la entrega de divisas a sectores de alimentos, medicinas y repuestos son –de ser ciertos– una interesante nueva etapa de “reconocer” y “reconocerse” en el otro de la que hablábamos en nuestro artículo pasado. Sin embargo, sin participación del sector político de la Unidad Democrática, será difícil contener la problemática económica y social que se avecina. Un gobierno de concertación nacional y de unidad es lo que requiere Venezuela. Pax tecum!!! Pero, ¿quién puede dar de lo que no tiene?

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado originalmente en www.eluniversal.com