pedro_benitez_6nov2013_oct2013Sea como fuere la manera, y quién o quienes concretamente lo decidieron, el asunto es que hace ya meses en la camarilla de herederos que encabeza Nicolás Maduro (“el alto mando político-militar de la revolución”) se tomó la decisión de mantenerse en el poder por medio de la represión y el terror, y pagar cualquier costo político que fuese necesario a ese fin.

El pez muere por la boca: “candelita que se prenda, candelita que apagamos con el pueblo organizado”. Ya sabemos a qué “pueblo” se refirió.

De lo que no estamos al tantoes hasta donde los altos mandos de los otros tres componentes de la Fuerza Armada están comprometidos en esa política. O si simplemente le han dejado el problema a la Guardia Nacional, y fingen mirar hacia otro lado ante la actuación de los grupos paramilitares y agentes de la policía política vestidos de civil que intentan aterrorizar a la población.

Lo que sí está claro es el apoyo político y material del clan dictatorial de Cuba a esa estrategia. El odio como política de Estado fue una de esas ideas que Fidel Castro le vendió a Chávez, y que de manera consiente y deliberada se ha venido alimentando en este país desde el poder, con la asesoría del G-2 y los cuadros políticos del gobierno cubano.

La acción de los “colectivos” no es otra cosa que la versión chavista de los “actos de repudio”. Esos actos son llevados a cabo en Cuba por turbas organizadas por el Partido Comunista, que agreden con palos y piedras e insultan a los disidentes en las puertas de sus propios hogares.

Esa es una muy perversa idea que Fidel Castro copió a su vez (por cierto) del fundador del Fascismo, Benito Mussolini.

En ese esquema de represión política(como en toda dictadura) lo sostiene una red de complicidades,la Fiscal (a) General, Luisa Ortega Díaz y la Defensora del Pueblo, Gabriela Ramírez, cumplen un papel clave dando la cara (la primera más que la segunda)  defendiendo lo indefendible.

Por cierto, los argumentos a los que recurre la ciudadana Fiscal (a) recuerdan los que en su momentoesgrimieron  Jorge Rafael Videla y Emilio Massera en la última dictadura militar argentina.

Aunque la dirigencia política de la MUD les está dejando una puerta de escape, la cúpula chavista parece decidida a irse por un camino sin retorno. Pero el problema estriba en que la represión ha sido respondida de manera activa yespontanea por una parte de la población que la MUD ni convoca ni controla.

@PedroBenitezF