Abril 2014

Iván Simonovis, la verdad se impondrá.

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Por: Pedro Benítez

En estos días acaban de pasar por cable una película irlandesa de 1993 de cierto éxito en su día, incluidas varias nominaciones a los premios Oscar: “En el nombre del padre”.

Como suele ocurrir, la ficción siempre supera a la realidad, ese film se basa en hechos reales. Se trata de un grupo de personas (incluyendo una familia completa)  acusadas falsamente por la policía del Reino Unido e inculpados por el sistema judicial  de ese país como responsables de un atentado terrorista ocurrido en Londres en 1974.

Fueron condenados a varios años de presidio por ser las personas equivocadas en el momento y lugar equivocados. Todos provenían de Irlanda del Norte en la época de mayor intensidad de la campaña terrorista desatada por el IRA, y dos de ellos habían estado en Londres el día del atentado, de modo que resultaron ser  culpables creíbles.

La justicia británica reconoció su error y revocó sus penas de reclusión quince años después, cuando ya varios habían cumplido sus condenas e incluso uno ya había fallecido tras las rejas.

Fue un caso escandaloso (pero clásico) de manipulación de la justicia para dar por resuelto un caso policial y calmar a una opinión pública sedienta de justicia, acusando y condenando a un grupo de inocentes.

El Caso Dreyfus fue un tristemente célebre precedente de manipulación de la justicia con fines políticos, cuando en 1894, un Capitán del Ejército Francés de origen judío  fue condenado a prisión perpetua en la Isla del Diablo por el delito de alta traición, bajo la acusación de haber entregado a los alemanes documentos secretos.

La escandalosa revelación de la verdad, por parte del escritor Émile Zola en 1898, provocó una crisis política y dividió profundamente a la sociedad francesa de la época.

En 1899 el Capitán Dreyfus fue exonerado y puesto en libertad por un indulto del gobierno, aunque no se reconoció su plena inocencia hasta 1906.

En esos casos hay varias coincidencias: se ocultaron y manipularon pruebas con el objetivo de buscar unos culpables creíbles, no por las evidencias disponibles sino por los prejuicios políticos previamente formados, con el propósito de dar por zanjada la investigación dejando impunes a los verdaderos autores.

A esta altura ya se imaginará usted para donde apunto: el caso Simonovis y los sucesos del 11 de abril de 2002. Pues sí, el juicio y condena contra los comisarios y policías involucrados reúnen todas las características señaladas en los dos relatos anteriores.

Pocas personas han leído la sentencia completa de la jueza Marjorie Calderon del 3 de abril de 2009 por la que se les impuso la pena máxima de treinta años a los comisarios Henry Vivas, Lázaro Forero e Iván Simonovis, a los inspectores y funcionarios de la Policía Metropolitana Héctor José Rovaín, Julio Rodríguez, Luis Molina Serrada, Erasmo Bolívar, y para José Arube Pérez, Marcos Javier Hurtado y Ramón Zapata diversas penas por sucesos del 11 de abril de 2002.

Casi nadie sabe o recuerda que el mencionado fallo apenas repara en tres de las diecinueve víctimas asesinadas en aquella tarde y que sólo se indagó los casos de veintiséis lesionados.

Lo que se repite una y otra vez por la red de medios públicos es que esos funcionarios son culpables y asesinos.

Es evidente que esa versión de los hechos ha buscado todos estos años ocultar al (o los) verdaderos responsables intelectuales y materiales, y  es sostenida hoy en día por factores dentro del partido del gobierno  con un propósito presión política.

Gracias a la denodada labor de su esposa Bony Pertiñez y a la magnitud de la infamia, el comisario Iván Simonovis es hoy el símbolo de la injusticia en Venezuela.

La sevicia que contra él se ha cometido tiene pocos precedentes en la historia de nuestro país.

Por un empeño necio, típico de todas las tiranías, han convertido en un problema político de marca mayor lo que pudo haber quedado como un drama personal y familiar. Porque con la liberación de Iván Simonovis se juega muchas cosas en este país.

Mientras más dilaten la liberación de Simonovis será peor para el gobierno. Cuando los gobiernos de Unasur y el Vaticano  empiecen a presionar para obtener resultados concretos del diálogo, se preguntaran quién es Iván Simonovis, por qué la oposición exige su libertad y van a empezar a indagar en el caso (si es que no lo han hecho ya), y entonces se convertirá en un tema internacional.

Como ya ha ocurrido, tarde o temprano la verdad pasará su factura.

@PedroBenitezF.