pedro_benitez_6nov2013_oct2013 

Ya se ha dicho que la verdad nunca triunfa, sino que sus enemigos se van muriendo poco a poco. Esta afirmación parece perfectamente aplicable a la inevitable reevaluación que cada día se hace de los tan vituperados gobiernos civiles de la era democrática de 1958 a 1998.

Durante buena parte de estos últimos tres lustros la coartada preferida para evadir responsabilidades y excusar fracasos  era cargarle todo la culpa  “a los cuarenta años”.  Esa socorrida escusa ha ido cayendo en desuso (todavía no falta quien la use) no sólo por el peso del tiempo, sino porque las comparaciones ofenden.

Así por ejemplo: en el país hay hoy 84 presas y represas, de ellas 14 se construyeron  antes de 1958, todas las demás se edificaron entre ese año y 1998. En los últimos 14 años sólo se ha culminado la construcción de una (iniciada en gobiernos anteriores).

En electricidad Venezuela cuenta con una capacidad de generación instalada de unos 24.000 MGW, que en su abrumadora mayoría corresponden a obras proyectadas, iniciadas y ejecutadas en esos cuarenta años. La represa de Gurí, construida por los sucesivos gobiernos desde 1963 hasta su  culminación en 1986,  por si sola tiene una capacidad de generación de 10.000 MGW. Sólo para ilústranos indiquemos que el mayor complejo hidroeléctrico del mundo, actualmente en pleno funcionamiento dispone de 14.000 MGW, Itaipu entre Brasil y Paraguay. Cuando la represa hidroeléctrica de las Tres Gargantas en China este lista, podrá generar 22.000 MGW.

A los 10.000 MGW de capacidad de Gurí, sumemos los 2.000 de Planta Centro, que hoy sólo genera efectivamente 300 MGW (no se podrá culpar de eso al gobierno de CAP I que la ejecutó).

En materia del uso de agua potable la cuenta es muy parecida. Citemos el servicio metropolitano que sirve a la región capital,  compuesto por tres  sistemas hoy en funcionamiento: Tuy I, Tuy II y Tuy III. El primero fue culminado durante la dictadura militar de la década de los cincuenta, aunque su embalse principal fue construido antes, en el primer gobierno adeco entre 1946 y 1948. Tiene una capacidad  para enviar 4.000 mil litros por segundo de agua. El sistema Tuy II fue construido y culminado en el gobierno del presidente Raúl Leoni, tiene una capacidad de 7.000  litros por segundo. Y el sistema Tuy III, con una capacidad de 11.000 litros, fue puesto en servicio en 1978, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez. El embalse Taguaza fue la ultima obra de ese sistema que entró en servicio para Caracas en 1997.

Este balance se puede repetir en viviendas, hospitales, escuelas, liceos, carreteras, autopistas,   puertos, aeropuertos, etc.

Si estos servicios tan básicos para la vida tienen serias deficiencias hoy, no será  culpa de “los gobiernos anteriores”. Es responsabilidad absoluta de este, que no sólo ha construido muy pocas nuevas obras, además ha descuidado el mantenimiento de lo que recibió.

En una de las decisiones más demenciales del mundo contemporáneo, y como parte de la reacción contra el oprobioso pasado,  en 1999 no se sólo suspendió la Constitución de 1961, además se paralizaron todas las obras de desarrollo que venían realizando las administraciones precedentes, con la promesa de iniciar la desconcentración de población de la faja norte costera hacia el denominado “eje Orinoco-Apure”.

Como consecuencia el país padece hoy un severo e inexcusable retraso en el desarrollo de su infraestructura.

Este gobierno ha contado con más recursos económicos, con más poder y con más tiempo que ningún otro, pero es el que menos ha hecho.  “Nunca se hizo tan poco con tanto”.

El peso de las evidencias se ha encargado de reivindicar de a poco  la obra de aquellos  gobiernos civiles y la nación subsiste (literalmente hablando) gracias a lo que legaron en todas las  áreas.

Si hacemos esta reflexión no es por nostalgias del pasado, sino para la justa reivindicación de la Democracia como mejor forma de gobierno. Cada vez queda más claro que en el periodo de los gobiernos civiles de 1958 a 1998 se hizo y mucho; probablemente se pudo haber hecho más y mejor; pero hasta ahora ninguno de los gendarmes que ha padecido Venezuela ha podido superar a aquellos gobiernos.

Puede que sea esa la razón por la cual la moda ahora es culpar a nuestro principal comprador de petróleo, el mismo que paga puntualmente,  como el causante de todo lo que va mal.

La actual clase gobernante (Roberto Enriquez dixit) tiene un grave problema: no puede culpar a nadie de su fracaso.

@PedroBenitezF.