De Los muchos males que Chávez le ocasionó al país, el peor fue haber sacado a los militares de los cuarteles, convirtiéndolos en soporte de su gobierno. Llegado el momento demasiado cercano del desenlace, aparecerán los militares como siempre a “salvar la Patria”.

Siempre me acuerdo del consejo de mis incultas y sabias abuelas libanesas que decían que “el que no sabe se calla”. Advierto no ser conocedor del tema militar, a Dios gracias, aunque sí de la infortunada historia de la adolorida Latinoamérica cada vez que los militares se han salido de los cuarteles para entrometerse en la política. Aunque en principio el tema político debería ser exclusivo de los civiles como el tema militar debería serlo de los militares, aludo el asunto porque cada vez se comenta con más insistencia que hay un golpe a la vuelta de la esquina y que Venezuela no sale de este atolladero con votos. Lo del golpe o el autogolpe se ha convertido en un tópico tan cotidiano como el valor exorbitante del dólar, la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación, el colapso de los servicios públicos y los insultos y excusas del gobierno.

El régimen sabe lo que pasa en el sector militar pero desnuda su debilidad cuando actúa. Acusa a la oposición de conspirar, a sabiendas de la falsedad de esa imputación más dirigida como disuasivo a los militares sospechosos que a los civiles opositores, a algunos de los cuales ha mandado a tantear con militares de menor importancia a ver si muerden el peine. Se sabe de sobra que los golpes los dan quienes pueden, es decir los militares, no los civiles. Y pendejísimo quien crea que hay unos militares cuadrados con el gobierno y otros con la oposición. Los militares siempre están cuadrados con ellos mismos y si dan un golpe no es para terciarle la banda presidencial a un civil sino para coserla en la guerrera de uno de ellos y continuar en la pomada. Uno no puede dejar de pensar en 11 gobernadores que son militares y seguramente preferirán que les toquen el Himno Nacional en Miraflores que los himnos estatales y municipales en sus villorrios.

De los muchos males que Chávez le ocasionó al país, el peor fue haber sacado a los militares de los cuarteles de los que jamás debieron salir, convirtiéndolos en soporte de su gobierno y justificando el despropósito con lisonjas como la de que son el pueblo en armas, depositarios de las glorias de los libertadores y demás cuchufletas verbales de un régimen que desde entonces mantiene a la República civil con una pistola en la nuca. Traigo todo esto a comentario no sólo porque desde que murió Chávez el gobierno de este país es el mismo gobierno militar pero ahora encabezado por un civil que hace las maromas y piruetas del comodín entre los ases de espada, sino porque desde esa muerte la omnipresencia militar y las concesiones de todo tipo que se les hacen para mantenerlos apaciguados continúan aumentando groseramente. Resultó relativamente fácil sacar a los militares de los cuarteles, no sólo porque siempre han pensado que ese ámbito es demasiado pequeño para su grandeza, sino porque en esto tienen no sólo ganas insaciables sino comprobada vocación histórica. Lo difícil para este o cualquier otro gobierno encabezado por un civil, será devolverlos a los cuarteles después que han paladeado con fruición el ejercicio abusivo del poder.

Llegado el momento demasiado cercano del sálvese quien pueda, aparecerán los militares como siempre a “salvar la Patria”, a “poner orden” y punto final a los “bochinches” de la democracia, afirmando que los civiles del gobierno o la oposición, de la IV o de la V son los culpables de todo y no sirven para gobernar. Los civiles seremos los chivos expiatorios, los “culpables del desastre” que utilizarán para justificar el manotazo. Y aunque los militares se saben principalísimos responsables por acción y omisión de todo lo que ha acontecido en el país en los últimos 15 años porque paladinamente han violado e irrespetado la Constitución, el hecho último los absolverá de todos sus pecados y complicidades, porque lo peor de todo es que los golpes siempre hallan cobijo en esa enorme parte de la sociedad latinoamericana que prefiere la paz de las dictaduras castrenses a los sobresaltos de la democracia civil.

Si en algo se esmeró la democracia venezolana después de los 10 años de la dictadura de Pérez Jiménez, fue la de inculcar a los militares el espíritu cívico del que carecían y la obligación de respetar las leyes, las instituciones y el pluralismo. Lamentablemente, las fechorías golpistas del 4F y 27N de 1992 nuevamente dieron al traste con los valores de la República Civil y devolvieron a Venezuela al ciclo nefasto del militarismo rapaz y despótico que mancha las cuatro quintas partes de nuestra historia republicana.

@hramosallup / DOMINGO 20-10-2013 / El Nuevo País